Pelayaserías - El blog de Pepe Pelayo
Concierto lector
Libros de Pepe Pelayo

Mi propio epitafio

atitulo.jpgPortada y contraportada de mi nuevo libro publicado. Ya sé que varias amigas me dirán que no les gusta la "gracia" de verme en una lápida, pero yo me divierto con eso. El humor negro me encanta. Disculpen, yo sé que lo hacen porque me quieren. Pero hay Pepe Pelayo para rato (ojalá).

Mi amigo David Ortega

asasasasasasasasasa.jpgMe duele el alma al tener que comunicar esta desgracia. Me acabo de enterar de que falleció mi amigo David Ortega, ese gigante percusionista y excelente persona.
En el afiche (es el del centro, detrás de sus congas), cuando hace alrededor de 25 años formamos ese grupo para presentaciones en empresas, etc., con esos también grandes músicos Alejandro y Toño (el único chileno del grupo), y la exquisita voz de Débora, más mi humilde conducción, monólogos, etc.

Recién del horno: "Humor de vida o muerte. Epigramas y epitafios"

aaa222.jpg¡Nació! ¡Nació! ¡Nació mi libro número 57!... Ya está publicado "Risas de vida o muerte. Epigramas y epitafios". No puedo negar que es un de los que más me ha divertido crearlo.

Nota: estos son algunos libros para adultos que los tenía ya escritos, pero inéditos, y otros que estoy reeditando ahora. En este caso es un gran añadido que le hice a "Risas post Mortem", publicado en el año 2003 por la Editorial Grijalbo.

Para adquirirlo, pinchen este link:

Mi enemigo político

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Esta reflexión me la provocó una conversación con una antigua amiga que quiero mucho y doy fe de que es buena persona integralmente. Sin embargo, no piensa como yo sobre lo que está sucediendo en Chile en estos últimos tiempos y lo que es peor, lo que se especula sucederá a partir de marzo, cuando se acaben las vacaciones de verano.

Cuentos serios de bufones #10

abu.jpgÉrase una vez, hace poquísimo tiempo y en un lugar muy cercano, una solemne, severa y temida autoridad: era el Cardenal de Palacio, el cual aplicaba con suma rigidez sus leyes morales en aquel Reino, incluso por encima del Rey. Era famoso por castigar a los que se atrevieran a reír en público. Y sus castigos iban desde cadena perpetua por una sonrisa, hasta la guillotina por una risa.

Una mañana como otra cualquiera, recibió una carta firmada por La Muerte donde le decía que iría a llevárselo, inobjetablemente, esa misma noche.

La poderosa autoridad tembló de miedo, porque conocía esa antigua historia (muy requeteusada por los escritores, por cierto). Y estuvo un buen rato pensando, hasta que al fin decidió traer a su presencia y sin que nadie supiera, al bufón de Palacio. Al mismo que había desterrado como primera medida al inicio de su mandato.

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