
Si quisiera, me sería fácil darle continuidad a mi reflexión anterior: “La amenaza de los agelastos”, porque acabo de ser testigo de las elecciones presidenciales en Chile. Es que muchos políticos son especialmente adictivos a la solemnidad y son pocos amigos de la risa espontánea. Muchos de ellos ven el humor y la risa desinhibida y humana como algo que puede perjudicar su imagen de líder. ¿Qué lástima, verdad? ¡Por que no saben que es todo lo contrario! Sólo hay que tener el tino y el tono justo para saber dónde parar y dónde seguir. Una vez más les recuerdo que seriedad no es lo contrario de humor.
En estas elecciones vi un par de debates televisivos entre los dos candidatos a presidente y al margen de la identificación política que uno pueda tener, es muy probable que muchos colegas hayan visto a través del prisma del humor a un candidato usando una falsa sonrisa pegada todo el tiempo en la boca (supongo que le asesoraron que debía comunicar “alegría”, y como tiene tanto dinero se mandó a hacer una risa casi real) y al otro candidato usando la máscara de la gravedad y el aburrimiento jamás labrada (supongo que el peso de su gran nariz y los dos profundos surcos que bajan y delimitan las mejillas con la nariz y la boca, le han impedido toda la vida reír como se debe).
Nuestro gremio conoce de lo que son capaces los políticos que se convierten (quizás un viernes a las doce de la noche con luna llena) en dictadores para “defenderse” del humor. Sabemos que ponen a sus fuerzas de seguridad a rastrear chistes sediciosos, donde ellos aparecen protagonizándolos, o donde “atacan” sus perfectas y patrióticas acciones. Sabemos que los dictadores (sean del color político que sean) prohíben hasta que los humoristas gráficos publiquen las caricaturas personales que les hacen, que obligan sólo a ser públicos los chistes que critican al cruel enemigo, y así un largo etcétera.
Quiero compartir una anécdota sobre este tema que me impresionó cuando me la contaron. Fue la visita a Corea del Norte de una delegación oficial cubana, donde iba un humorista gráfico. Al llegar, éste preguntó dónde estaba la revista o semanario de humor más importante del país, para visitarla e intercambiar experiencias, y la respuesta que recibió fue: “Lo siento, compañero, pero nosotros ya superamos esa etapa”… (¡¡Superaron la etapa del humor!! ¡¡Ya quedó atrás ese flagelo de la sociedad que es la risa!!).
La sátira es la forma más usada dentro del universo de la burla, en la creación del humor político.
Ahora me autocito yo mismo en mi propio texto, con otro texto mío de mi misma propiedad intelectual: “La sátira es una burla que implica un juicio crítico más o menos elaborado. Por su ejercicio del criterio, se deriva una enseñanza o valor didáctico más o menos claro y definido” (Bienaventurados los que ríen. Aramís Quintero/Pepe Pelayo. Humor Sapiens Ediciones. 2007).
De ahí que sea utilizada como arma por los humoristas y como tal la combaten a toda costa los dictadores.
En mi caso personal, ni junto a Aramís escribiendo los guiones de la compañía de humor escénico La Seña en Cuba, ni como creador individual en las otras manifestaciones artísticas en que he incursionado, he podido hacer humor político. No me sale (excepto algún que otro chispazo). No puedo. No me atrae el humor mediático, localista, pasajero. Sin embargo, me encanta consumirlo (si es de calidad, elaborado). Y me interesa mucho analizarlo, estudiarlo y teorizar, como siempre.
Por eso termino esta reflexión con otra anécdota polémica, para provocar otro rico debate.
Se trata de un comentario que escuché en una conferencia sobre humor en la Universidad de Chile hace unos años, donde un orador aseguró que: “El humor es de izquierda. La derecha no puede, ni sabe hacer humor”.
Como ven, en las dos anécdotas el protagonista es del mismo bando pero, curiosamente, están afirmando dos cosas completamente opuestas. En una, el humor al fin no existe en el mundo de la izquierda y en otra, el humor sólo pude ser creado y existir en el mundo de la izquierda.
Ojo: no creo que esas barbaridades sean privativas de ese lado político. El torpe, bruto, ciego e ignorante que las piensa y dice, milita en cualquier partido.
Nunca he tenido tiempo (ni tendré) de investigar y comprobar si esas afirmaciones teóricas mencionadas en cada anécdota son ciertas o no. Pero mi experiencia y la intuición me dicen que en el primero caso, el humor es imposible de eliminar en una sociedad. Quizás lo obliguen a dormir, lo aplasten, lo controlar, pero es sólo por un tiempo. Y en el segundo caso, es obvio que el humor no tiene color político, ni pertenece a una raza, ideología, religión, filosofía, equipo de fútbol, sociedad secreta, grupo musical, grupo sanguíneo u ONG.
¿Alguien quiere aportar sobre esto, por favor?

Comentarios
Política y humor
PP… Te (y nos) estás metiendo en camisas de once varas, brother, porque los políticos inventaron su trabajo pa´ ganar dinero (y muchas otras cosas) metiendo en cintura la sociedad. Cuando el brujo de la tribu (que vino primero) dejó que alguien le organizara los “días de concierto” estaba sentenciándose a sí mismo como figura más importante de la tribu. Porque si al principio el memo trataba de sugerir, luego trató de disuadir y prontamente de imponer.
No es que el humor sea políticamente incorrecto para los políticos… es que estamos hablando de dos mundos paralelos… que no quiere decir que vayan hacia el mismo lugar, sino que no se tocan. Vinagre y aceite, vaya. Son más incompatibles que dos líquidos de freno de diferentes marcas. Suelen hacerse grumos cuando se juntan. ¿Has escuchado hablar de un humorista político? ¿O algún político que luego se haya metido a humorista? Man… eso es como que alguien pueda producir jarabe de hígado de bacalao con sabor a mermelada de mango.
El problema es que una de las principales funciones del humor es la de ser arma contra los tabúes, los encierros, las represiones… ¿Ya te la llevaste o sigo hablando cáscaras? Todos los elementos sociales que puedan ser igualados a uno de estos mecanismos (tabúes, encierros, represiones)… inmediatamente y sin que nadie pueda evitarlo, pasan a ser objetivos (“target” diríamos en inglés, que suena más militar) de la risa: ahí no sólo van los políticos y la política (muy “fajaos” por ser los primeros), sino la religión, la policía, la moral (la simple y la doble… y la triple si existiera), y la estructura sicológica de muchos fenómenos como el sexo, la muerte y la suegra.
Adentrándonos en el tema de la hermosísima “relación de pareja” entre política y humor lo primero que se me ocurre afirmar es que el humor no es de derechas o de izquierdas… es de centro… el humor, si tiende a algo, es a enderezar las cosas, porque para provocar la risa, es necesario construir un mecanismo a partir de la lógica humana. La incongruencia de la realidad con esa lógica, realzada, y “cosmetizada” por el humorista, es lo que pone a gozar las mandíbulas… o las neuronas… dependiendo de los grados en la escala de Richter que se pretenda alcanzar.
Por otro lado, el humor tiene una histórica función subversiva. Macho… menciónale esa palabra a un político y deja la frase colgada para que le veas la cara… es como si les metieras un tabaco encendido en el mismísimo orificio. Y no es que nos las demos de inconformes o de que no nos gusta como está hecho el mundo per sé… El hecho de que sea subversivo no es más que el resultado de todo lo que veníamos diciendo. La subversión no es más que la fuerza que trata de lograr el equilibrio impuesto y mientras más impuesto sea ese equilibrio (es decir, mientras menos equilibrado sea ese equilibrio), más genuina es esa subversión y el humor que emana de ella.
Quieran o no los políticos… su trabajo es imponer un equilibrio (qué es lo que equilibran… eso es tema para otra conferencia) y para ello acuden a una infinita gama de mecanismos que defienden su objetivo y tratan de convertirlo (de un modo valedero o no) en objetivo de las masas. No importa el tamaño o la fuerza de esos mecanismos. El humor nacerá como una plantita obcecada, porque justamente serán su abono el falso equilibrio y la magnitud del mecanismo para legitimarlo.
Fíjate si humor y política son incompatibles que ningún Festival Internacional de Humorismo sobrevive tres años. Los organismos gubernamentales encargados de apoyar, promover y brindar logística a esos eventos… no pueden con eso… ¿Una pila de humoristas reunidos disparando pa´ todos lados “con mi dinero”? ¡Na´…!
Yo creo que hay una guerra no declarada entre uno y otro bando… y no siempre gana uno u otro. Aunque creo que la Historia ya tomó partido entre los dos bandos: el de las caras lisas y los corazones estrujados y el de las caras arrugadas y los corazones lisos.
Ulises Toirac.
Sobre la pedrada de Aristóteles que puse en la parrilla.
Yo quiero publicar todo lo que me envíen sobre el campo de la teoría del humor, con un mínimo de interés, por supuesto. Y ese texto de Aristóteles cae dentro de esa política, esté yo de acuerdo o no con él.
Y sobre eso, ahí va mi opinión: el humor es ubicuo en la vida cotidiana. Es decir, no está presente en forma permanente, sino que aparece y desaparece en la experiencia cotidiana. Sale en una conversación, en un gesto, en una situación, en el arte y en un largo etcétera. El humor es un intruso, “colándose” en la realidad. Esa realidad que todos coinciden en calificar de “seria”. La realidad que hay que vivir. Una “realidad predominante”, como la llamó el filósofo Alfred Schutz. Y a la experiencia humorística –como a otras experiencias- la llamó “parcela finita de significado”, pero que pudo llamar también subuniverso, subrealidad o como sea. Y a esas experiencias las llamó así, porque son enclaves dentro de la realidad predominante. Estas “parcelas” se producen cuando la persona emigra transitoriamente de la realidad. Son islas en el cotidiano vivir. Por el ejemplo, el sueño es una de estas “parcelas”, tiene su propia realidad y va y viene de la realidad predominante. También el sexo. También la experiencia religiosa. También el juego, la experiencia de entregarse a contemplar una obra de teatro y, para no alargar esto, también como ya mencioné, la experiencia del humor. En fin, que uno está en una situación común y corriente, como conversando con otra persona y brota un chiste. Entonces ambos comienzan a vivir la realidad del chiste, se ríen y se acaba esa “parcela”, volviendo a la situación anterior.
Por tanto, visto así, es imposible que alguien se ponga como objetivo vivir siempre riendo; es decir, que su realidad permanente sea el humor. Yo no sé bien qué quiso decir Aristóteles y su traducción, pero espero que haya sido algo parecido a lo que acabo de explicar, porque de lo contrario, sí estaría en contra de su opinión, porque no quiero pensar que él menosprecie el humor.
Yo, como humorista teórico y práctico, sólo aspiro a que el ser humano además de darle importancia a las “parcelas finitas de significado”, que escoja para diseñar su vida, también comprenda que vivir aumentando la cantidad y calidad de sus “parcelas” estéticas, lúdicas y humorísticas es fundamental para él y para el resto de nosotros.
P.P.
Humor no es diversión
P.P. Por lo que puedo entender de la traducción (creo que si lo publicas en griego se entenderá mejor), Aristóteles no se refiere al humor. Caes en la trampa de confundir humor con diversión. ¿o lo haces a propósito pa’ formar lío?
No sé lo que pensará un minero o un estibador, pero yo estoy de acuerdo con él. Creo que depende de la profesión. Caemos en lo que discutimos siempre: la superioridad del intelectual (verdadero) sobre el resto de los mortales. Esa me parece que es su idea. Es una especie de “clacismo” de profesiones, (que yo ¡comparto! ¡qué verguenza! lo digo en serio y lo siento). Donde los intelectuales son la Aristocracia (los intelectuales verdaderos, los que define Aramis y en los que, como tú, lo incluyo a él). Esos son los que pienso que él llama nobles, serios.
Cuando dije "intelectuales o payasos (valga la redundancia)" estaba funcionando en mí una especie de "racismo" de profesiones. ¿Qué hacen esos tios que cité (que denuncié) metidos en los palacios de Chesterton, Martí, Borges o Aramís?
En cuanto a tus preguntas, NO es esa idea a la que me refiero. Yo hablo del humor, Aristóteles de la diversión, lo que llamamos hoy “ocio”.
El humor es parte de lo que él considera serio. Lo que yo trato de decir es que el humor es a la inteligencia humana lo que los dibujos de Nazca a los investigadores, lo que Dios a los creyentes,... la señal de que “lo que hay” no es “todo lo que hay”. ¿Qué pasa, que lo dije muy serio? (Sospecho que soy malísimo ironizando y tratando de colar chistecitos entrelineas)
Curiosamente usé una referencia que constituye uno de los grandes tuestes de Aristóteles: la lógica.
El pensamiento lógico, (esto es lo que trato de decir debajo) es insuficiente para percibir el mundo. Y el humor, es una señal de esa insuficiencia. Y, por esa razón, señal de lo mal que lo vemos y lo organizamos todo. Y por tanto, señal de que entre las cosas que nos dejamos fuera, cuando percibimos el mundo, pueden haber otras mucho mejores que estas con las que cargamos.
El humor es como una alarma que avisa que nuestra lógica de pensamiento está errado o incompleto. Quizás sobrevaloro el humor y le doy una connotación muy tremenda.
Edward de Bono, que ha desarrollado toda una escuela de técnicas de pensamiento y apredizaje, desde la base de lo que él llama “pensamiento lateral”, dice que el Humor nos indica que "nuestros métodos de pensamiento tradicionales y nuestras ideas sobre estos métodos se fundaban en un modelo equivocado de sistema de información".
Tampoco estoy diciendo que haya que hacerlo todo desde el humor (ya me gustaría a mí, me conformo conque se haga todo con humor) sino que debiéramos pensar desde el mismo sistema de información “creativo" conque se produce el humor.
Me voy a Portugal...
VOY CON OTRA PIEDRA
Ruben, tocaste un punto importante.
A continuación les ofrezco un texo de Aristóteles que me envió Matías Libedinsky. Si logran entenderlo por el concepto y por la traducción, espero que den sus opiniones.
"... ii) De hecho, sería extraño que la diversión debe ser nuestro fin -que debemos trabajar duro y fuerte toda nuestra larga vida para que podamos divertirnos. Prácticamente todos los objetos que adoptamos se presume que pueden significar algo más, a excepción de la felicidad, que es un fin en sí mismo. Hacer de las diversiones el objeto de nuestra búsqueda seria y nuestro trabajo, parece absurdo e infantil en exceso: lema de Anacarsis,motto: jugar en orden a poder trabajar, se considera la regla correcta. La diversión es una forma de descanso, pero tenemos que descansar, porque no podemos seguir trabajando sin descanso, por lo que no es un fin, ya que lo tomamos como un medio para otras actividades. (iii) y la vida que se conforma con la virtud se piensa que es una vida feliz, pero la vida virtuosa implica propósito serio, y no consiste en divertirse.
[7] (iv) También se pronuncian las cosas serias que es superior a las cosas que son graciosas y divertidas, mientras más noble es una facultad o una persona, más serias, creemos, son sus actividades. Por lo tanto, la actividad de la más noble la facultad o de la más noble persona es, en sí misma, superior, y por lo tanto más productiva de la felicidad.
¿Esa es la idea que quisiste expresar, Ruben? ¿Son superiores los hombres serios? ¿O crees que Aristóteles tiene yayitas en sus apreciaciones? ¿O dependen de cómo se interprete lo que dijo?
ESpero que no sólo Ruben opine.
P.P:
El humor, estable.
P.P., tienes razón. No puede existir la perfección sin el humor, estaría incompleta; sería algo así como pefección o perfeción o perección o perfeccín...
Pero, hay un detalle erróneo: yo no he dicho que en la derecha "tienen más nivel cultural, educacional o tienen mejor gusto." He dicho: "la derecha no suele reír cuando el motivo para la risa es la burla sobre asuntos, temas o situaciones que traspasan los límites de lo que ellos consideran el buen gusto." No hablo de nivel educacional ni cultural o estético, sino de simple conservadurismo. La derecha, pienso yo, es más "rígida" en ese sentido, menos relajada.
Mira, todo esto de quién ríe más entre la izquierda y la derecha es una gran tontería, pero se ha colado esa tontería en el debate. Yo aprovecho y me río y digo parte de lo que pienso.
Lo que quiero decir es algo así como que las personas con ideología y principios afines a lo que llamamos "la derecha" no tienen tantas cosquillas o las tiene en otro sitio o simplemente "resisten" más cuando les hacen cosquillas.
Me explico, y con permiso de Aramís uso, para dos premisas, a su personaje.
Pero Grullo 1) Cuando nos hacen cosquillas en determinadas partes del cuerpo nos reímos; es una reacción natural, física.
Pero Grullo 2) No se sienten por igual las cosquillas en todas las partes del cuerpo. Hay quien tiene más sensibilidad en las plantas de los pies mientras que otros se parten de risa cuando les meten un dedo en el ojo.
Bueno, pues, el humor viene siendo como una cosquilla que nos hacen en los patrones que se nos van instalando ¿en nuestro cerebro, la mente? a medida que crecemos. Me refiero a los patrones, las pautas que nos permiten interrelacionarnos con el medio. Ejemplo: para ponernos las medias y los zapatos necesitamos alrededor de 5 millones (eso he leído) de secuencias consecutivas ordenadas por el cerebro; como no se puede "pensar" y organizar cada una de esas órdenes cada vez que nos levantamos por la mañana porque no acabaríamos nunca, se crea un patrón, una pauta, que es lo que nos permite calzarnos sin pensar en ello. Desde ahí hasta el pensamiento abstracto... (Dios mío, ¡en lo que me he metido!)
O sea, el humor es una alteración, un rompimiento, cosquillas sobre el estado "físico" normal de nuestros serios y laboriosos patrones de pensamiento. De las características de esos patrones depende que nos riamos o no, más o menos, mejor o peor.
El sentido del humor puede que lo hayamos vinculado al nivel de sofisticación de esos patrones nuestros: más nivel cultural, ¿más sentido del humor? Pero, me temo que eso es porque siempre nos da por intelectualizarlo todo. Pues, puede suceder que lo que muchas veces creemos que es un elevado sentido del humor, no pasa de ser una altísima sensibilidad a las cosquillas en el pensamiento.
Pues, de alguna manera también el cuerpo de nuestra mente tiene regiones más vulnerables (y menos) a las cosquillas. Nuestras creencias, principios y valores (¿qué es eso?) son las partes de ese cuerpo donde es más difícil que sintamos cosquillas, o es donde las sentimos menos, o simplemente donde no nos da la gana que nos hagan cosquillas.
A eso me refiero cuando hago distinción entre los motivos por los que ríe un lado político o el otro.
Hago también distinción entre humor y chiste, porque eso también define con qué se ríe cada cual:
Los chistes son cosquillas que nos hace algún desconocido.
El humor es alguien de nuestra familia, gente querida haciéndonos cosquillitas, a veces retozando con nosotros.
Por último, entiendo por qué hay tanta gente a la que preocupa mucho mantener a raya al Humor.
El humor no permite que un sistema, un orden social, nuestra más simple relación con el medio sea estable. Para “organizarnos” y que la cosa marche más o menos bien (qué difícil se nos hace, caramba), necesitamos “sistemas” absolutos, lo menos cambiantes posible. Tanto las democracias como las dictaduras, las familias, las parejas y las comunidades de vecinos, buscan esa estabilidad. Nuestra percepción y el orden en que hemos organizado la vida está basado en la lógica. Pero, desde la lógica es imposible comprender los cambios en las emociones, o sea, los que provoca el humor. Y que sí se entienden desde el humor mismo.
Y es que el humor, a mi entender, es un aviso, una señal de que cuando observamos la vida y la vivimos y la organizamos, nos estamos dejando algo fuera, algo tan elemental como ¡montones de maneras distintas de verla!
El humor hace que constantemente podamos considerar todo suceso, ¡TODO!, de manera nueva. Eso no hay quien lo aguante. El humor convierte nuestro orden social en inestable. ¡Miren qué poco serio! Los políticos, como dice Nico, no pintan nada en esto: somos todos. Pues de otra manera, si triunfa el humor, cada día, al despertarnos, sucumbiríamos a la tentación de ponernos los zapatos de manera distinta, buscando placer...¡¿y a qué hora desayunamos?!
No vayan a pensar que me creo todo esto en serio. Me lo creo en broma. Pero me lo creo. Y me da risa: ¡parece tan serio!
CUERDOS ACUERDOS Y CUERDOS DESCUERDOS
A mis queridos debatientes, debatores o debatistas (no los pro-Fulgencio). No tengo el tiempo suficiente ahora para escribir al detalle todo lo que pienso, por ello haré un esfuerzo de síntesis y claridad a la vez, para imcumplir con aquella máxima de Pible: “La gente hablando se extiende”. Voy al grano:
Paco: Estoy de acuerdo con Dimitrieva y el papel heurístico del humor. Los dogmas desde dioses, papas, emperadores, hasta burócratas, profesores y padres provocan al humor. Sin embargo, me inclino a pensar que hasta la perfección es risible. Este es un matiz que me gustaría que profundizáramos más en el debate, y no perdernos en que si los políticos de derecha o izquierda tienen más sentido del humor. Porque, por lo que he visto, se impone el criterio de que el humor no tiene color político y quedó en mala posición el señor que dijo eso en el ejemplo de mi artículo.
Por tanto, insisto, debemos argumentar sobre lo que dice Paco y Dimitrieva, o lo que dice mi amigo y colega Luis Pescetti cuando defiende la teoría de que el humor existe como rebeldía ante la autoridad, sea ésta cual fuere. O sobre otra teoría que conozco y que dice que el humor es todo burla. A mí me encantaría no convencerme de que funciona la teoría de los dogmas de Dimitrieva en el humor infantil, por ejemplo, en el humor blanquísimo, inocente, el del humor por el humor, como el arte por el arte. O no convencerme que ese tipo de humor que menciono cabe en la teoría de ir contra la autoridad; o no convencerme que esa forma de humor es siempre burla. Ojalá haya más interesados en analizar esos conceptos, aunque sé que son algo áridos para muchos y no es de interés masivo, ni mucho menos.
Camilo: Ojo con la fórmula “Derecha igual empresarios es más mercado es menos Estado por tanto más inhumano, resultado: poco o nada humor” Da la impresión que defiendes tu posición ideológica, por encima de lo que aquí se ha explicado de la “neutralidad” del humor en cuestiones político-ideológicas.
Rubén: Sólo cuestiono un punto en tus bienvenidas intervenciones. Yo no creo que la derecha se ría menos, porque los chistes que más abundan son malos, groseros y sin calidad artística y ellos tienen más nivel cultural, educacional o tienen mejor gusto. Yo creo que a ciertos izquierdistas y a ciertos derechistas les sucede eso, pero no por su inclinación política. Puedo poner muchos ejemplos de mal gusto en el humor donde derechistas se matan de la risa. El sentido del humor no se estimula o se desarrolla al asistir a la Universidad. No depende de eso, aún cuando es un asunto cultural. Y todos los humanos nacemos con el sentido del humor instalado, como el de la vista o el tacto. A muchos nadie los guía, los forman y llegan a adultos con el sentido del humor tendiendo a cero. Y a esa altura tampoco hacen nada por mejorar esa capacidad. Y de esa “masa” humana que nace salen los empresarios y los políticos (universitarios o no), los profesionales (universitarios) o siguen siendo “masa acéfala” (universitarios o no) y todos toman el camino de la derecha o de la izquierda política, riéndose de un chiste grosero o no; riéndose con lo que aquí escribimos o no.
Aramís: Estoy de acuerdo completamente contigo. Pero me aprovecho de lo que mencionas para aclarar algo más, que quizás malinterpreten algunos y es: “Los intelectuales son payasos (valga la redundancia)”. Primero, como tú, no me gusta el uso despectivo de la palabra payaso, porque yo me siento payaso la mayoría de las veces en mi vida y estoy orgulloso de eso. Incluso se ha identificado lo que hago con “Pelayaserías” y me encanta. Por otro lado me han dicho intelectual y ahí sí no estoy de acuerdo. Creo que existe una confusión con ese término. Pocas personas conozco que sean verdaderos intelectuales (tú, Aramís, eres una de esos pocas intelectuales que estoy honrado de conocer). Sabemos que a cualquier artista se le califica como intelectual y repito, no es así. Se tiende a etiquetar de intelectual al que no hace un trabajo físico. La definición la escribió Aramís en su comentario y ahí no entro yo, por ejemplo, aún cuando soy un creador, un artista, un humorista (malo o bueno, no importa). Como tampoco entran la mayoría de los políticos, religiosos y profesionales, por mencionar algunos. Pero, ojo, ser intelectual no significa también ser perfecto, según mi opinión. Eso quiero aclararlo. Un intelectual puede tener defectos. A lo mejor no son buenos llevando a la práctica la inteligencia emocional en sus vidas. ¿Quién puede asegurar que hasta “payasos” pueden ser en ese sentido? (Utilizando “payaso” despectivamente). Y para llevarlo a nuestro campo: ser intelectual no garantiza que esa persona tenga estimulado o desarrollado el sentido del humor. No todos los intelectuales son Aramises. (Otro sí: Aramís no me paga por tanto halagos). En fin, que no es redundancia decir intelectual y decir payaso, como dijo Rubén y ya aclaró. Como también aclaró que no son intelectuales muchos de los que la gente califica como tal.
Y por último, Nicolás: quiero explicarte algo a través de un ejemplo. Un ejecutivo, un productor de televisión, tiene que estrenar un programa nuevo de entretenimiento (o entretención), entonces recuerda que el humor es un elemento que eleva mucho el rating (nivel de audiencia). Alguien le propone hacer un humor distinto, algo más “inteligente” de buen gusto, algo más elaborado que lo usual. Entonces el productor rechaza la idea, porque piensa que irá al seguro poniendo en pantalla un humor algo grosero, algo sexista, algo simplista, con algo de mal gusto. Es algo que ya demostró que funciona y no tiene que arriesgarse a que baje el rating y de camino a que pueda perder su puesto de trabajo. Entonces comienza a decir que “el humor que le gusta al pueblo es el de la mala palabra, el sexo, la cochinada o picardía, el doble sentido, etc.”. Y eso lo dice tanto y lo repiten tanto los opinólogos aficionados o profesionales, que hacen de “críticos de espectáculos o de arte” en los medios de comunicación, que se hace clisé y cala en todos como una ley no escrita. Pues bien, mis colegas y yo hemos sido testigos de que dándole de a poco ese humor “inteligente y de bueno gusto” al “pueblo”, este comienza a hacerlo suyo, a asimilarlo, a disfrutarlo, hasta que ese humor “distinto” puede convivir con el otro. Por tanto, se ha demostrado que el ejecutivo conservador no tenía razón y el “pueblo”, por raro que parezca, es capaz de reír de un chiste de Les Luthier y un chiste donde un humorista de segunda dice un chiste con las palabras “huevón, peo y culo”.
Con esto te digo, Nicolás, que según mi humilde opinión, los políticos no tienen un gran sentido del humor y les interesa reflejar gravedad, porque están convencidos del clisé que el “pueblo” sólo respeta al político grave y no al risueño. Y a mi entender, si alguno se lanzara a cambiar es imagen, estoy seguro que nosotros, “el pueblo”, lo votaríamos enseguida con placer y esperanza.
De nuevo gracias a todos por seguir debatiendo aquí.
P.P:
A ver si queda claro.
Voy a combinar, a hacer un batido de conceptos e intenciones: humor, política, ideología, enormidad, humildad, honradez, intelectual, payaso, izquierda, derecha, ¡dré!... Y desde ahí decir algo.
Cuando alguien escribe en este blog que la derecha no ríe, ¿a nadie le parece una “enormidad”? No hay que saber mucho acerca de ello, ni disponer de datos, estadísticas, etc... simple sentido común: es una enormidad. Ante tal enormidad yo, que me identifico con casi todo lo que esté frente a la izquierda (aunque particularmente considere que la derecha política no lo está, la izquierda intelectual sí apunta sobre ello contra ella, la derecha; por tanto lo asumo y me sumo), pues, escribí ese comentario en el que digo: “...intelectuales o payasos (valga la redundancia)"... ¿Otra enormidad?
Ciertamente no es un chiste, y está dicho con enormes ganas de molestar, atacar, ser agresivo, caer mal “a ver si alguien salta”... Pero, también es cierto que una coma y cinco palabras después escribo, y es una opinión, que “de lo que se trata aquí es de opinar desde nuestras preferencias ideológicas, no desde un riguroso examen "sociorrisológico". (Esta última trataba de ser una palabrita chistosa. Me estoy poniendo viejo).
Y, aunque eso debía ser suficiente y dejar todo claro, se me sube el payaso, mire usté, me empeño en conseguir ya el resplandor total y escribo lo que (siempre en mi opinión) es la verdadera enormidad por la que se forma el lío: “en algunas cosas prefiero a la derecha antes que a la izquierda y en otras mucho más”.
Desde el batido aquel me parece que ese anterior podría ser el punto final. Pero, no me fío de mi parecer (eso es de un bolero): el Maestro Quintero me puede hacer puré tecleando con un sólo dedo, así que voy a hacer unas consideraciones más, P.P., aunque me extienda uuun poquiiitooo...
Situarme abierta y descaradamente frente a la izquierda, algo tan poco correcto como provocador, debe ser el motivo por el que suscito tantos refinados insultos. Porque, todos los aquí presentes, sabemos leer correctamente. E interpretar correctamente mejor. Y de lo que escribí, tal y como no se percibe la intención de un chiste, se percibe la no menos intención de azuzar ciertas posiciones político-ideo-ilógicas, no las esenciales características de gente honorable. Y si, aún habiendo percibídolo (esa está buenísima), alguien pasa por alto esas evidencias, no me queda más remedio que interpretar que el verdadero motivo está tratando de ser escabullido.
Aramís ha citado tres nombres que califican, sin discusión, en un concepto de intelectual que él mismo expone cuando dice que eran
"hombres que se aplicaban con especial rigor a discernir lo cierto de lo falso, y a expresar sus discernimientos con la mayor exactitud posible, exigiéndose la mayor honradez en el pensar y en el decir".
A esa definición no hay mucho que añadir. Ni nada que objetar. A la lista podemos agregar algunos nombres más, no pocos diría yo, aunque tampoco demasiados. Ante hombres a los cuales podemos aplicar esa definición, la identificación de payasos con intelectuales es, más que una enormidad, una majadería y una payasada. No es que no sea yo, al menos par de horas cada día, payaso y majadero en todas la acepciones en que ambos términos son usados (eso mismo ¿no es ya payasería?!), pero...
Pero, justo en el comentario que ha convocado a Aramís, no me refería a ese modelo de intelectual que él cita. Modelo que, por otra parte está prácticamente en extinción. Porque, si es esa la definición de “intelectual” que hemos de tomar como referencia, yo pregunto: ¿a cuántos de los que hoy día en todo el mundo se califican a sí mismos de intelectuales, o son valorados como tales por ¿quiénes?, podemos aplicar tan digna consideración?
La definición del intelectual ha terminado, como casi todo lo contemporáneo, padeciendo el deterioro al que conduce el relativismo, de modo tal que cualquiera puede ser dotado o despojado de su (presunta) condición de intelectual, dependiendo de quien lo esté calificando. Personajes como el Che, Lenin, Fidel Castro, y sus adoradores Noam Chomsky, Oliver Stone, Michael Moore, los inexplicables Al Gore, Tariq Ramadan, Barat Obama, uf, disfrutan del reconocimiento como prestigiosos intelectuales por parte de muchísima gente. Para mí y para otra también muchísima gente son, como intelectuales, unos payasos. Pero, para no ofender a quienes, como dice Aramís, practican esa digna profesión, digamos simplemente que no tienen calibre para ser considerados intelectuales. Invito, a quien así lo crea, a que demuestre que alguno de ellos o de los miles de su estirpe, es un “hombre que se aplica con especial rigor a discernir lo cierto de lo falso, y a expresar sus discernimientos con la mayor exactitud posible, exigiéndose la mayor honradez en el pensar y en el decir".
La inclinación hacia posiciones de izquierda de la mayoría de los intelectuales modernos es una realidad, un dato, no una opinión. Desde esas premisas es que hago la identificación entre intelectual y payaso, de manera y propósito irreverente, por supuesto, aunque, reitero, matizando la ausencia de rigor “sociorrisiológico”.
No existe a estas alturas, a pesar de lo que indica Aramís, una objetiva y consensuada definición de intelectual, al menos no una común aplicable a todos los que se arrogan esa categoría o son bendecidos con ella. Y es una lástima porque la que él sugiere es tan dignificadora y bella que debiera ser la única. No lo es y yo no tengo la culpa. Yo sólo tomo nota de su recomendación de humildad. Aunque, pienso que la humildad es patrimonio de quien posee grandeza. A mí, que no la tengo (grandeza), sólo me queda gritar.
No obstante, si Aramís insistiera en su recomendación, y con ello me declarara “grande” a sus ojos, ¡ahora mismo saldría yo de mi armario intelectual, trataría de casarme con él y celebraría una espectacular boda en la que tendría de damas de honor, a modo de compensación por las ofensas recibidas, a mis más repudiados y deslumbrantes de toda la vida intelectuales y payasos (valga la redundancia)!... Y esta vez sí es un chiste.
En desacuerdo con todos
Creo que estan todos profundamente equivocados, Paco, Camilo, Ruben, Miriam, Pelayo y Aramis. Estan profundamente equivocados en todo lo que dicen, piensan y sienten (y yo también). Les aconsejo que vayan al psiquiatra, que éste se ria de sus problemas -porque para eso estan los psiquiatras- y de mas esta decir que si este se rie de sus problemas es porque es un psiquiatra de izquierda (y de derecha).
Creo que este tema tocado por Pelayo es un tema muy profundo, que no tiene que ver con el color politico ni con los politicos, sino con toda la sociedad. Si los politicos no hacen humor es porque a la gente no le interesan los politicos que hacen humor. Necesitan sentirse seguros con los politicos, y para esto ellos no pueden hacernos reir, y esa es una desgracia terrible. Pero no es culpa de los politicos, es culpa de todos nosotros.
En todo caso, yo conozco un politico que cada vez que lo veo me hace reir : el hijo de Lagos papa, que no recuerdo su nombre, ah, claro Ricardo, vaya, qué coincidencia. El trono o Maria ? Ese tipo es comico, por eso nunca va a llegar lejos...
Yo no me voy a referir al
Yo no me voy a referir al tema central de los comentarios, es decir el sentido del humor en las derechas y en las izquierdas, porque no tengo muchas certezas al respecto y no quiero hablar por hablar. Sólo tengo claro un par de cosas de Pero Grullo: una, que el poder, cualquiera que sea su signo político, recela del humor, y si es un poder total, recela totalmente. La otra, que ningún signo político acapara por sí solo la inteligencia y la tontería, el humor y la falta de humor. Puedo añadir una tercera convicción: cualquier signo político, llevado a extremos, se mueve en el campo de la tontería, se lleva mal con el humor y, peor aun, tiende a alguna tragedia. Recelo de cualquier fundamentalismo, y no discuto el derecho a ser fundamentalista, pero sí el derecho a negarles todos los derechos a quienes sean diferentes, negación típica de cualquier fundamentalismo.
No quiero seguir citando a Pero Grullo. Lo único que quiero comentar es una expresión que usó Rubén (cuyo elevado nivel de apreciación del humor me consta). Una expresión de pasadita, que parece insignificante pero es enorme, que quizás usó como chiste pero eso no resulta evidente. Es esa de "intelectuales o payasos (valga la redundancia)".
Yo no tengo nada contra los payasos, es una digna profesión y los hay buenos y malos como en todo. Pero todos sabemos que "payaso" y "payasería" son palabras que se usan casi siempre muy despectivamente. Y si es este el caso, la identificación de payasos e intelectuales me parece una enormidad. No porque no existan intelectuales payasescos (cualquier tipo de persona y actividad puede ser payasesco en este sentido negativo), sino porque al decirlo así hay que tomarlo como una generalización, como una identificación esencial, y eso me parece, como dije, una enormidad.
Rubén y yo vivimos muchos años recibiendo por todos los poros la sugerencia de que todos los intelectuales son "intelectualoides", todos los políticos son "politiqueros", los que hacen negocios están lucrando (como quien dice estafando o envenenando el manto freático), etc., etc. Es decir, ambos vivimos un agudo proceso de semantización, re-semantización, des-semantización de muchas palabras, y los efectos de un proceso como ese llegan a ser casi subliminales. Sin darnos cuenta, decir intelectual, por ejemplo, es decir una mala palabra, como payaso. Nos olvidamos de que Martí, Mark Twain y Chesterton eran esencialmente intelectuales. Es decir hombres que se aplicaban con especial rigor a discernir lo cierto de lo falso, y a expresar sus discernimientos con la mayor exactitud posible, exigiéndose la mayor honradez en el pensar y en el decir. (Si algunos intelectuales no son ejemplos de honradez, o al menos cabe discutirla, o se conducen como vedettes, es otra cosa). Tomar conciencia de las palabras que usamos y tener el mayor cuidado al usarlas, es algo esencialmente intelectual (aunque uno no sea "un intelectual"). Y así se debe hacer. Y con humildad. Por cierto, algunos intelectuales no son nada humildes (tampoco algunos deportistas, algunos arquitectos, algunos abogados, etc.), pero eso también es otra cosa.
Aramís.
Presentación y aclaración
Querido PP (no Pepe Pelayo, sino Paco Puñal), te presento a Rubén Aguiar Muñoz (con "A" pues se inclina más a la memoria RAM, que a RPM, revoluciones por minuto, si fuera con "P".
El fue músico, actor y compositor en La Seña del Humor, es un fuera de serie haciendo canciones, escribiendo poemas y ahora destacado bloguero.
Rubén, Puñal es un fantástico fotógrafo y director de cine. Quizás recuerdes su famoso documental "Los piropos" que hizo en el ICAIC.
Ambos son humoristas. Ambos tienen puntos de vista diferentes. Pero si se conocieran, estoy seguro que serían tan amigos como los protagonistas de "La esfera y la cruz" de Chesterton.
Pero me encanta que entren en esas discusiones de donde se sacan ricas experiencias y enseñanzas.
Y en cuanto a Miriam, si es la persona que me imagino, diré que es otra gran humorista, de primer nivel, de las pocas que existen. Y al decir que yo "picheo y bateo" a la vez, espero que sea un halago, porque soy dueño del espacio y digo y permito todo, a favor y contra de lo que pienso, como ejercicio de libre expresión y no sea una frase oscura como aquella de: "apunta y banquea", porque no quiero qu nadie se confunda, porque aquí mismo se acaba esto y recojo y me llevo el guante y la pelota...
No, en serio, son bienvenidos todos: amigos, colegas o simples interesados a continuar con la polémica.
Aprovecho para responderle al amigo y colega Garrincha, que escribió al final del anterior debate: mientras más "seria" se pone la discusión, mejor para todos los que disfrutamos la teoría y el análisis del tema que nos apasiona: el humor. Y se respeta el que no quiera teorizar, porque encuentre que es una pérdida de tiempo. En este weblog existen espacios para disfrutar la creacción del humor (bueno o malo, no importa), pero también existe este espacio para profundizar en nuestra profesión. Recuerda que seriedad y humor no son opuestos.
Y en cuanto a otra opinión mía sobre el humor político que nos reúne ahora, estoy preparando mi pronta contraargumentación. Gracias a todos.
P.P.
Aguiar Muñoz
Muy ingenioso, Don Paco Puñal, lo de Rubén PM. Ya me había señalado una amiga: “me recuerdas el amanecer”... También había yo reflexionado acerca de un probable “PM”... ya sabe, por los años y por lo irreverente que se han puesto conmigo el invierno, los zapatos de cordones, las calles cuesta arriba, mi propia espalda y ahora veo que también la gente con poco sentido del humor (¿un agelasto?) que cuando se siente "tocada" acude a los ataques personales. Mi nombre es Rubén Aguiar Muñoz, de ahí lo de Rubén AM, por si no lo nota son las iniciales de los apellidos de mi anciano padre y mi difunta madre, hermosos ambos, y a quienes hago un humilde homenaje firmando así.
En cuanto al asunto que tanto le ha molestado, creo que he sido claro en mi comentario, pero, puesto que tal vez usted no ha podido comprenderlo bien, se lo repito aquí: " la izquierda que refiero, es la Izquierda CAPITALISTA..." ¿Está usted ahí?... ¿oiga... oiga?... Tal vez.
Reclama usted que “Nada menos humorístico que el discurso de Obama, donde defiende la paz, enviando más militares a Afganistán”, pero, por el modo en que se dirige a mí, no se diría que pueda ser usted precisamente un pacifista. Al menos no lo noto yo muy pacífico. Aunque sí algo atlántico, teniendo en cuenta lo dispuesto que parece a cargar sobre sus hombros con los pilares de la izquierda toda (¿un titán condenado?).
Evidentemente, si alguien se ha inventado algo no he sido yo: Obama dió el discurso que dió, la izquierda (capitalista) aplaudió lo que aplaudió,
a ver qué me he
inventado yo.
Pero, el tema no es la política, es el humor. Puede ser cierto y emotivo lo que reclama usted, vía Osvaldo Macedo de Sousa, sobre el humor: “debería obligar a despertar los sentidos de crítica y autocrítica”. Estoy de acuerdo. Pero, también opino que ese humor militante es sólo un tipo de humor y que no tiene por qué ser el único. De hecho, no lo es, y no seremos usted y yo (desde luego no yo) quienes neguemos a tantos grandes humoristas que no tienen esa pretensión y son imprescindibles, desde Buster Keaton, el Gordo y el Flaco, Chaplin, hasta Marcel Marceau, Mister Bean o Pepe Pelayo (esto es trampa, por supuesto, pero él mismo dice algo al respecto en su post).
De sus intervenciones brotan ciertos tonillos que me llevan a deducir que es usted mismo un humorista o bien un teórico o buen conocedor de estas artes. Pero, de esos mismos brotes, se desprende que su sentido del humor se reduce tal vez al mero ámbito de lo teórico o de lo coincidente con su ideología o sencillamente a lo que considera “correcto” (¿cómo la derecha?). Más claro: pongo en duda que pueda exhibir un alto sentido del humor cuando le atañe a usted la cuestión.
No hay ninguna intención de minimizar su calidad como teórico ni como humorista o comentarista de blogs, lo que sea que sea... Se puede ser un “genio del humor” y carecer de un alto “sentido del humor” en determinadas situaciones. Al respecto, le copio aquí un pequeño relato de un libro del director de cine Sergéi Eisenstein (Letón, Premio Stalin y de origen judío por más señas), que leí hace muchos años en Cuba y del que nunca he olvidado el siguiente relato referido a Charles Chaplin, con quien le unía una gran amistad:
"Una noche en Beverly Hills, Hollywood, California, Chaplin estaba de visita en nuestra casa. Estábamos jugando un juego muy popular en Hollywood. Un juego cruel. Es un juego típico de un lugar en el que en pocas millas cuadradas está concentrada tanta autoestimación, tanto egocentrismo, tanta autoinfatuación, merecida e inmerecida, bien fundada o totalmente infundada, sobrestimada y subestimada, pero en forma dolorosamente aguda, que bastaría para las tres cuartas partes del mundo. El juego es una variante popular del "juego de opiniones". Con la diferencia de que aquí se expresa la opinión dando puntos en un cuestionario. Por ejemplo, la inteligencia: 2 puntos. Ingenio: 2 puntos. Belleza: 5 puntos, etcétera. La persona que está siendo discutida debe también llenar el cuestionario de acuerdo con la opinión que tenga de sí misma. En Moscú llamaríamos a esto un juego de autocrítica. Y más aún, cuando la totalidad de su efecto radica en conocer el grado en que la opinión de los demás difiere de la de uno. ¡Un juego cruel! Y especialmente porque la columna sentido del humor ocupa un lugar prominente en el juego.
"El rey del humor fue silenciosamente a la cocina, se puso los espejuelos y llenó el cuestionario en algún lugar cerca del refrigerador. Mientras tanto se le preparaba una sorpresa: la opinión pública había evaluado el sentido del humor del rey del humor en... ¡cuatro puntos!
"¿Percibió Chaplin lo chistoso de la situación?
"¡En absoluto! Se ofendió. Al ilustre visitante le faltaba el sentido del humor cuando el asunto le concernía. ¡De tal modo que los cuatro puntos eran merecidos, después de todo!"
(Eisenstein, “Notas de un director de cine”, La Habana, 1967)
En fin, Don Paco, si esto le ocurre a los genios, qué dejaremos para nosotros los mortales.
Con sincero respeto,
Rubén AM
Lanzar y batear
El gran humorista cubano, Juan Ángel Cardi, ya fallecido, por desgracia; decía sobre la libertad de prensa, y sobre el humor en la izquierda y la derecha, “que no se puede lanzar la pelota y batear a la vez”. Y que los dueños de los medios son los que imponen la política a publicar. Los dueños…
Pero como este blog o sitio web tiene un dueño especial, ya veo que él “pichea” y batea a la vez… Es un caso sui géneris… Ya ven.
Lanzar y batear
El gran humorista cubano, Juan Ángel Cardi, ya fallecido, por desgracia; decía sobre la libertad de prensa, y sobre el humor en la izquierda y la derecha, “que no se puede lanzar la pelota y batear a la vez”. Y que los dueños de los medios son los que imponen la política a publicar. Los dueños…
Pero como este blog o sitio web tiene un dueño especial, ya veo que él “pichea” y batea a la vez… Es un caso sui géneris… Ya ven.
Ruben AM ( ¿no serás acaso
Ruben AM ( ¿no serás acaso PM?)
No se donde saca usted que la izquierda aplaude a Obama en su discurso demagógico en el Premio Nobel de la Paz. Eso es un invento suyo. Nada menos humorístico que el discurso de Obama, donde defiende la paz, enviando más militares a Afganistán.
Esta claro que quien aplaudió ese discurso fue precisamente la "derecha" con Busch y Cheney a la cabeza, ya que significa una continuación de su politica en el mundo.
El caricaturista/humorista tiene la ingrata tarea de estar siempre despierto, atento a la realidad, en guardia contra las demagogias y las hipocresías; de ser un crítico serio en esta parodia tragicómica que es la sociedad contemporánea –escribe el investigador del humor gráfico y escritor portugués Osvaldo Macedo de Sousa.
El humor –añade Macedo de Sousa en su excelente página web http://humorgrafe.blogspot.com - en principio, no consiste en la creación de un mundo totalmente original, de un mundo totalmente irreverente o fantástico, pero sí, en una nueva forma de ver la realidad, en una presentación descarnada por una irreverencia inteligente de lo que las personas miran, viven, sin ver por la enajenación de lo que le es cotidiano y monótono, o por una fuga inconsciente. El humor debería obligar a despertar los sentidos de crítica y autocrítica
¿La derecha no ríe?
Bueno, este debate entronca bastante bien con el anterior, así que voy a meter un poquito de candela, pués en ambos noto a los comentaristas algo tendenciosos y "poco serios".
Puestos a aventurar, arriesgaré lo que me permita mi no menos limitada experiencia. Decir que la derecha no se ríe es un suicidio. Dentro de la derecha hay de todo, como dentro de la izquierda: gente buena y mala, seria e inteligente, imbéciles y genios, payasos e intelectuales (valga la redundancia), por eso ya sabemos que de lo que se trata aquí es de opinar desde nuestras preferencias ideológicas, no desde un riguroso examen "sociorrisológico".
Y eso voy a hacer yo, que en algunas cosas prefiero a la derecha antes que a la izquierda y en otras mucho más.
Ojo, como acertádamente aclara siempre Pelayo: no hablamos de dictaduras ni totalitarismos, esas no son ni de izquierdas ni de derechas, son una misma y despreciable cosa: dictaduras. La derecha de la que hablo es la de aquel primo, la del hermano descarriado, la del abuelo o tu padre, de algún mejor amigo, tu médico, el dueño de tu restaurante preferido, el novio de tu hija y, aunque con menos frecuencia, ¡tu propio hijo!. Ah, y la izquierda que refiero, es la Izquierda CAPITALISTA donde milita el "buenaso" de nuestro corazón.
Al asunto. Es una tontería afirmar que la derecha no ríe. Pero admito que ríe menos. Y lo que sucede en este sentido es que la derecha no suele reir cuando el motivo para la risa es la burla sobre asuntos, temas o situaciones que traspasan los límites de lo que ellos consideran el buen gusto. Argumento: no verás a la derecha reir con burdos chistes acerca de defectos personales, desde la cojera o los enanos hasta la calva del señor ministro. La grosería y las malas palabras, tan graciosas, no son santo de su devoción. Lo mismo esas comiquísimas mofas contra la igleisa y las creencias personales de sus-nuestros semejantes. El chiste político facilón, que es el que más abunda y el de menos nivel, no suele ser muy aplaudido por ellos, y ya sabemos que la prensa, la tele, el cine, el teatro, están casi sobreviviendo a costilla de los comicuchos de redil menos dotados para realizar aportes válidos al noble árbol de la risa y el buen humor.
La derecha prefiere reir con Chesterton, con Monty Payton, con Les Luthier (en una crónica que leí hace unos años acerca de una presentación de Les Luthier en Madrid, el autor contaba que el espectáculo "no había estado mal", pero que aquello, el teatro, estaba "lleno de fachas" -que es como llaman a los derechas en España, haciendo alusión al fascismo- y que eso lo había "puesto sobreaviso". ¿¡...!?). Y ríen también, como no, con Quino y con Los Simpsons. Pero no es ese el tipo de humor que abunda en el mercado, como ya sabemos. ¿O no lo sabemos?
La izquierda se "desmoñinga" de la risa cuando un tío le tira un zapato a G.W. Bush, pero se emociona y hasta llora y apalude cuando H.B. Obama hace apología de la guerra en su discurso para recoger el Premio Nobel ¡DE LA PAZ!. Esas cosas no suele ser graciosas para la derecha. A mí me divirtió la habilidad conque Bush evitó el zapatazo, perecía haberse estado preparando toda la vida para ese momento. Lo del discurso de Obama me ha parecido un insuperable homenaje al Humor del Absurdo. Ambos casos son muestra de aquella sentencia: la realidad supera a la ficción. Los mismos políticos son los mejores "humoristas".
En cuanto al Humor Político que trata P.P., pienso que es muy poco el puede obtener esa consideración (Humor). Lo que sí hay es mucha burla, parodia, "choteo" y todo género que provoque la fácil risa de estómago de los adeptos. Apenas nada para la inteligencia. En ninguno de los dos "bandos".
La derecha no se rie
En mi limitada experiencia personal me ha tocado observar que es cierto que la satira politica predomina en la izquierda. Claramente esto no se aplica 100%, pero voy a aventurar una propuesta de por que esto podria ser cierto.
Primero que nada, este comentario se refiere a la derecha/izquierda economica, ya que politicamente estos terminos adquieren su propio significado en distintos paises. Puedo estar muy equivocado, pero segun yo lo entiendo, la vision economica de la derecha (con poca intervencion guvernamental, aperturas de mercado y minima red de seguridad social) se basa en una vision de mercado... si la 'economia' crece de esta forma, el pais estara mejor. Mientras que la vision economica de la izquierda (con alta intervencion guvernamental, control de mercado y alta red de seguridad social) se basa en una vision personal... si la 'gente' esta bien, el pais esta bien.
Yo creo que aqui nace la divergencia de propensidades satiricas... para la izquierda, las politicas de derecha van en contra de algo mas emocional, la persona misma, el sufrimiento, la salud, la seguridad y la educacion de gente que no tiene suficientes recursos. La satira politica requiere esta pasion para emerger. Nadie quiere burlarse de el senador que lucha por los derechos de los ninos a educacion, o de los enfermos a salud. Mientras que es muy facil burlarse del magnate que lucha por un libre mercado que le va a dar otros millones para el bolsillo.
El dogma no permite la risa
En el Boletín de Información Cinematográfica No. 1 de 1980, publicado por el Centro de Información del ICAIC, vio la luz el magnífico ensayo "El papel heurístico del humor", de N. Dimitrieva, que gracias a la traducción de Zoia Barash, nos presenta un interesante punto de vista.
Allí se lee lo siguiente:
"Ante la perfección de lo absoluto el humor no encontrará aliento y debe callarse. En cuanto surge una pequeña grieta en lo absoluto, el humor penetra inmediatamente".
Es obvio -me permito señalar- que ninguna obra hecha por el hombre es perfecta, y que siempre el humor y sátira jugarán su papel para mejorarla. Los compañeros de Corea del Norte están demasiado confiados en que su obra es perfecta, y por ello allí no existen revistas humorísticas y probablemente los humoristas sólo señalen los defectos de Corea del Sur.
"El dogma que no admite ni enjuiciamientos, ni discusiones -continúa el ensayo de Dimitrieva- está basado en el reconocimiento de lo absoluto. Es el dogma de la infalibilidad del Papa. El dogma de la divinidad del rey. El dogma de la superioridad de las razas, de la jerarquía de castas y otros "monolitos" menores y particulares. Si la gente se reía de los Papas, de los reyes, de los zares y de las leyes era porque no creía en lo absoluto. La risa no convive con la adoración fetichista. El hombre libre de fetichismo se ríe libremente también de lo que le es querido. La risa sirve de exámen seguro de estabilidad. Es verdaderamente sólido lo que soporta el exámen de la risa y no se devalúa con ella".
"Pero si la visión dominante está penetrada por la fe en los dogmas inconmovibles, en el orden establecido y obligatorio de las cosas, lo absoluto exige una adoración ciega y aparecen cada vez más zonas prohibidas para el humor".
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