Tres horas y treinta minutos por un camino alternativo evitando los cortes por el terremoto en la ruta principal.
Jorge Luis (actor y músico), Alejandro (músico), Alberto (actor y computín), Alex (ilustrador), Luchín (veterinario) y yo, todos cubanos radicados en Chile (algunos nacionalizados chilenos) y Mireya (ingeniera comercial) y Bárbara (fotógrafa), ambas chilenas casadas con PP y Alberto respectivamente, fuimos en caravana hacia “Población” a dos kilómetros de Peralillo, zona desvastada por el cataclismo, cargados los autos de sorpresas y esperanzas para niños.
Arribamos a un colegio municipalizado (público), o lo que quedaba de él, para reunirnos con 150 niños y niñas de escasos recursos, de riesgo social y con sus viviendas damnificadas. Eso era lo planificado.
Jóvenes voluntarios de Un techo para Chile estaban trabajando en el colegio, restaurándolo.
¿La realidad? Asistieron 186 niños y niñas, acompañados de sus padres y otros familiares. Los motivamos a leer, donamos libros a la biblioteca y jugamos y cantamos en base a los personajes de mis libros. Todos rieron, disfrutaron y aplaudieron como locos.
Sólo por ver las caras de los niños y niñas valía la pena el esfuerzo.
Después, se les entregó un libro, un juguete, más dulces y confituras a cada niño y niña presente (¡por suerte llevamos de más y alcanzó para todos!).
Los padres, los profesores y la directora del colegio se mostraron extremadamente agradecidos y emocionados por todo. Según ellos, nunca antes en ese lugar se había desarrollado un evento de esa calidad, ni los había visitado un escritor. “Todos se ocupan de la ayuda material y estamos muy agradecidos por eso, pero nadie se había ocupado hasta ahora de lo espiritual, de lo cultural para estos niños”, nos dijo la directora.
En seguida Mireya, nuestra organizadora de la Campaña “Libretón y juguetón” (esa chilena que me explota fuera y dentro de la casa) y Bárbara, la otra guerrera, coordinaron más visitas para llevarles la ayuda necesaria a los otros alumnos del colegio, porque por un problema de volumen, físico, de capacidad (somos pocos) vamos a ir llevando las donaciones para 150 niños y niñas aproximadamente cada vez. Aunque parece que nos amenazan -¡ojalá!- más chilenos y cubanos en unirse a la segunda caravana.
En fin, los chilenos amigos y familiares que en Santiago colaboraron con nosotros con sus libros y juguetes y los cubanos en Miami y España que enviaron sus donaciones en dinero, más los que no podían dar, pero que nos apoyaron moralmente siempre, deben estar satisfechos y felices como nosotros, porque estamos cumpliendo con esta Campaña.
¡Los niños y niñas de ese pequeño y dañado lugar recibieron risas, alegría y la solidaridad con el esfuerzo de ustedes y nosotros! ¿Qué más podemos pedir?... ¡Y seguimos!
Vean algunas fotos ahora.
Pero para ver todas las demás que sacó Bárbara de la jornada, por favor, visiten: www.flickr.com/photos/pepepelayo/page3/

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