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Chistes que se irán renovando periódicamente

CHISTES DE "¡MAMÁ! ¡MAMÁ!"

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Qué tienes en el estómago que está tan grande?
-Un bebé que me regaló tu padre.
-¿Ah, sí? ¡Pues le voy a decir a mi papá que no te regale más bebés, porque te lo comes!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué pasa, Pepito?
-En el colegio me dicen “el eléctrico”.
-¿Y tú que haces?
-Yo les sigo la corriente.
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-El huracán se llevó el auto.
-Imposible, hijo, yo tengo las llaves.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-No me gusta el gatito.
-Pues déjalo a un lado y cómete sólo las papas.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-El abuelo se ha caído por la ventana.
-Entonces irá al cielo.
-No, tanto no puede rebotar.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Me haces el problema de matemáticas.
-No, Pepito, no estaría bien.
-No importa, inténtalo de todos modos.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿El inodoro da vueltas?
-No, claro que no.
-Ah, entonces hice caca en la lavadora.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-En la esquina acabo de ver una señora loca y muda que habla sola todo el tiempo.
-Pero, Pepito, ¿cómo va a hablar si me dijiste que es muda?
-¿No te dije que estaba loca?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Es verdad que todos tenemos dos papás y dos mamás?
-Por supuesto que no, Pepito. Sólo los tiene tu primo Héctor que es bizco.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Me diste un calcetín azul y uno rojo.
-¿Puedes creer que en el cajón hay otro par igual que esos.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Hoy me he levantado con ganas de estudiar!
-¡Qué bien!
-¡Me voy a acostar a ver si se me pasa!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿No hay más dulce de víbora?
-No, hijo, ese era el betún de los zapatos de tu papá.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Afuera está frío!
-¡Pues dile que pase, hijo!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Es verdad que los papás saben más que los niños?
-Claro, Pepito, es verdad.
-¿Ah, sí? Pues… ¿Quién inventó la imprenta, mamá?
-El inventor de la imprenta fue Gutenberg.
-¿Y entonces por qué no la inventó el papá de Gutenberg?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Mira, ya me dieron las notas de las últimas pruebas.
-Deja ver… ¡¿Qué?! ¡Estas notas merecen una paliza!
-¿No es cierto? ¡Vamos, yo sé dónde vive la maestra!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Las escuelas son peligrosas?
-Claro que no, hijo mío, ¿por qué lo preguntas?
-Porque en la calle, cerca de cada escuela, hay una señal que dice: “Cuidado, escuela”.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Astracán es un perro muy malo. ¡Se ha comido mis zapatillas!
-Sí, hijo, es malo –dijo la madre para consolarlo-. ¡Y merece ser castigado!
-No, si ya lo he castigado yo, mamá. ¡He ido a la cocina y me he comido todo su plato!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Puedo salir a jugar con el niño de la vecina?
-No, hijo, sabes muy bien que ese niño no me gusta.
-¿Entonces puedo salir a pegarme con él?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Ya estoy listo.
-¡Pero no te he dicho mil veces que debes lavarte las manos antes de tu lección de piano, hijo!
-Es que hoy no hace falta. En esta lección tengo que tocar sólo notas negras.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Pero si tú me llamaste!
-¡Ah, sí! Mira, quiero que cuando llegue la visita te portes bien. ¿Tú no sabes que cada vez que haces una travesura me sale una cana?
-Pues entonces tú de pequeña tenías que ser muy traviesa, porque fíjate en la abuela...

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Mira lo que me ha dado mi amiguita Venus!
-¡Una bicicleta nueva! ¿Quién sabe lo que costará?
-Mil dólares, mamá. Cuesta mil dólares.
-Pero no, hijo, es muy bonita, pero no cuesta tanto.
-Entonces, no sé, porque Venus me la dio a cambio de ese anillo que te regaló papá para Navidad y que tú siempre dices que vale como mil dólares.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Sonó el timbre!
-¡No importa, mañana compramos otro!
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¡Qué quieres, Pepito!
-¡Rompí el jarrón de la sala!
-¡¿Qué?! ¡¿El jarrón del siglo XVI?!
-No te preocupes tanto, mamá, si era muy viejo.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Mi redacción ha conmovido a la maestra!
-¿Sí? ¿Y qué ha dicho?
-Que daba pena.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Pero si tú me acabas de llamar!
-¡Es verdad! Dime: ¿dónde están los dos pedazos de torta que había puesto en el refrigerador?
-Se los he dado a un niño que tenía hambre.
-¿Ah, sí?... Disculpa, hijo… Hiciste muy bien. ¿Y quién era ese niño?
-¡Era yo, mamá!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Puedo meter los dedos en el enchufe?
-¡No, hijo! ¡Si lo haces te agarra la corriente!
-¡Pero yo quiero meter los dedos en el enchufe!
-¡Te dije que te da la corriente, Pepito!
-¡Pero, mamá, es que yo quiero meter los dedos en el enchufe!
-¡Bueno, pues mete los dedos en el enchufe!
-¿Y si me da la corriente?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Allá afuera hay una niña llorando por mí!
-¿Tanto te quiere, hijo?
-No, es que la acabo de atropellar con la bicicleta.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¡Qué quieres, Pepito!
-¡Ya me bañé!
-¿Qué? ¿Y por qué no te lavaste bien esas orejas tan sucias, hijo?
-¡Porque todavía oigo bien, mamá!
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Pero si fuiste tú la que me llamaste!
-¡Ah, sí!... ¡Lávate las manos!
-¡Pero si ya estoy comiendo con los invitados!
-Hijo, ¿qué dirías si me vieras sentada a la mesa con las manos tan asquerosas como las tuyas?
-Tendría la delicadeza de no decirte nada para no hacerte pasar vergüenza.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Puedes prestarle dinero a mi amiga Venus?
-Claro que sí. ¿Pero para qué lo necesita?
-Para dármelo a mí, que se lo acabo de pedir prestado.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Me han suspendido en religión!
-¿Y por qué?
-Es que me mandaron a rezar dos Padrenuestros y yo sólo me sabía uno.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡El termómetro ha bajado!
-¿Cuánto?
-Dos metros… es que se ha caído al suelo y se ha hecho añicos.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Pero si tú fuiste la que me llamaste!
-¡Ah, sí! Mira, tienes que lavarte bien las manos, porque viene una visita.
-¿Y si me la lavo y luego resulta que no viene? ¿Eh?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Un perro me ha mordido el pulgar derecho!
-¿Lo has desinfectado?
-No he podido. Se fue corriendo...

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Discutí otra vez con Juanito.
-¡Por eso tienes el ojo negro! ¡Una nueva pelea!
-No, mamá, esta vez ha sido un intercambio de palabras.
-¿De palabras?
-Sí, nos hemos tirado el diccionario por la cabeza.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¡Qué quieres, Pepito!
-¡Se rompió el cristal de la ventana de la sala!
-¿Quién lo rompió?
-Juanito que se agachó cuando le tiré la pelota.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡No quiero comer brócoli!
-¡Si no te lo comes, llamo al Lobo Feroz!
-¡Dale, llámalo! ¡Te apuesto a que él tampoco le gusta!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Uno puede ser castigado por no haber hecho nada?
-Claro que no, hijo, ¿por qué?
-Porque la maestra me castigó por no haber hecho absolutamente nada hoy en la clase.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Verdad que una manzana podrida puede estropear a todas las demás?
-Claro que sí, hijo mío.
-¿Entonces he hecho bien comiéndome las que estaban buenas y dejando la mala en el frutero?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Fríeme veinte huevos!
-¿Te vas a comer veinte huevos fritos?
-No, mamá, solamente los dos que te queden mejor.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Llegué del colegio!
-¿Y? ¿Cómo te fue?
-Mira, según mi opinión, la maestra es bastante ignorante.
-¿Por qué dices eso, hijo?
-¡Porque no hace más que hacernos preguntas!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Te acuerdas del jarrón chino de porcelana que se transmite de generación en generación en nuestra familia?
-Claro que sí, ¿por qué?
-Porque mi generación lo acaba de romper.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio me dicen ternero, el hijo de vaca!
-Muuurmuuuraciones, muuurmuuuraciones.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¡Qué quieres, Pepito!
-¿Cuánto cuesta un tarrito de tinta china?
-No sé, pero es barato.
-Entonces no entiendo nada. ¡He derramado uno en el traje de papá y él está gritando como si costara un millón de pesos!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Tienes leche fría?
-Sí, hijo.
-¡Pues caliéntamela, por favor!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Tenemos una compañera nueva en la clase que viene de Djiboutí!
-¿Y dónde queda Djiboutí?
-Muy lejos no ha de ser, porque al mediodía come en su casa.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Tú que conoces mejor a papá, ¿qué le ensañamos primero: tu vestido nuevo, mis notas o el golpe del auto?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Cómo vino al mundo mi abuela?
-La trajo la cigüeña, hijo mío.
-¿Y tú?
-También me trajo la cigüeña.
-¿Y yo? ¿La cigüeña también?
-No. A ti te encontramos dentro de un repollo.
-¿Y en tres generaciones no ha habido en esta casa un parto natural?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Cómo se llama la madre de un burro?
-Burra, ¿por qué me lo preguntas?
-Por nada; es que como siempre me dices burro...

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Por qué no se mueve mi nueva hermanita?
-Porque está durmiendo.
-¡Ah! Yo pensé que había venido sin pilas.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Qué rica está la paella!
-Pues repite, hijo, repite.
-¡Mamá! ¡Mamá! ¡Qué rica está la paella!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Es verdad que los humanos tenemos casi el 60% de agua en el cuerpo?
-Así es.
-¡Pues entonces llama al médico, porque a mi hermanito se le ha salido casi toda el agua y empapó la cuna!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Cuánto cuesta un kilo de niños?
-¡Pero, hijo, por favor! ¡Los niños no se venden!
-Entonces, ¿por qué esa obsesión de pesarlos tanto cuando son pequeños?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¡Qué quieres, Pepito!
-¿Es verdad que los peces grandes se comen a los pequeñitos?
-Naturalmente.
-Por lo tanto, los tiburones comen sardinas.
-Así es.
-¿Y cómo lo hacen para abrir las latas?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Ya sé escribir! ¡Ya sé escribir!
-¡No te puedo creer! ¡Qué alegría! ¿Y qué has escrito?
-No lo sé, porque todavía no sé leer.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Hoy, un niño en el colegio me dijo que tú eras gorda y chismosa.
-¿Y tú qué hiciste?
-Nada. Era más alto y más fuerte que yo.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Por qué papá está calvo?
-Porque es muy inteligente y tiene muchas cosas en que pensar, hijo.
-Entonces, ¿Por qué tú tienes tanto pelo?
-¡Termina de tomarte la sopa, Pepito!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Me llevas al Circo Ruso?
-¿Son caras las entradas?
-Sí.
-Pues dile a tu padre que se suba en la lámpara y te entretenga toda la tarde.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Qué te sucede? Te ví llegar alterada.
-¡Es que estoy desesperada! ¡El médico me dio a entender que estaba muy gorda!
-¿Por qué?
-Porque me dijo: ¡abra la boca y diga muuuuu!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Qué estás haciendo?
-Me estoy preparando para cantarte hasta que te duermas.
-¿Lo crees necesario, mamá? ¡Estoy tan cansado…!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¡Qué quieres, Pepito!
-Venus se fue muy molesta.
-¡Cuántas veces te he dicho que no se peleen!
-Pero si no peleamos, sólo estábamos jugando al papá y la mamá.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡El caballo me ha dado una patada!
-¿Dónde?
-¡En el corral!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿El cielo siente comezón?
-¿Y esa pregunta, hijo? Claro que no.
-Entonces, ¿para qué sirven los “rascacielos”?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Por qué la mujer, cuando se casa, va vestida de blanco?
-Porque es el día más feliz de su vida.
-¿Entonces por qué el marido va vestido de negro?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Me he roto el brazo en varios sitios!
-¡Pues nunca más vas a esos lugares!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio me dicen el Chapulín Colorado!
-Lo sospeché desde un principio.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Mira, tú y mi papá me tratan muy bien, sin embargo, comienzo a tener miedo.
-¿Cómo es eso, hijo mío?
-Mira, cuando papá compró el auto nuevo vendió el viejo, ¿no es cierto?
-Así es.
-Y cuando tú compraste el abrigo nuevo, vendiste el viejo, ¿no es así?
-Exacto.
-Bueno, pues mi abuela me dijo que ahora quieren tener otro hijo…
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Quién es el hombre a tu lado en tu foto de matrimonio?
-Este es tu papá, hijo.
-¡¿Qué?! ¿Entonces quién es el calvo y gordo que vive con nosotros?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Es verdad que a mi tío lo mató una bala perdida?
-No, hijo, al final se la encontraron en el estómago.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Es verdad que mi papá manda en esta casa?
-Sí, hijo mío, pero nadie le hace caso.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Me duele aquí!
-¡Pues ponte para allí!
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¡Qué quieres, Pepito!
-¡No puedo calzarme!
-¿Por qué?
-Porque no me entra el zapato.
-¿Pero no ves que estás poniendo el derecho en el pie izquierdo?
-No, no lo había notado. No sé distinguirlos bien.
-Mira, ese que tiene una mancha en la rodilla es tu pierna izquierda.
-¡Claro! ¡Eso yo lo sabía! El izquierdo yo sí lo distingo bien, pero, ¿y el otro cuál es?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Es cierto que yo desciendo del mono?
-No sé, hijo, tú padre nunca me ha querido presentar a su familia.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Puedo ver el eclipse?
-Está bien, pero no te acerques demasiado.
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Pero si fuiste tú la que me llamaste!
-¡Ah, sí!... Quería decirte, hijo mío, que vas a tener una hermanita nueva…
-Pero, mamá, ¿no puedo quedarme con la vieja? ¡Ya me estaba encariñando un poco!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Acaba de nacer el hermanito de Venus!
-¿Sí? ¿Y cómo se llama?
-No lo sabemos, porque no entendemos bien lo que dice.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Mi hermanita es arrugada y no tiene pelo.
-Sí, así son los recién nacidos.
-¡Qué fea es! ¡Ahora entiendo por qué la llevaste tanto tiempo escondido debajo de la falda!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Me pones otro terrón de azúcar en la leche?
-¡Pero, hijo, si ya te he puesto cinco!
-Ya lo sé, mamá, pero se han disuelto todos.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Cómo se hacen los chichones?
-Este… los chichones se hacen cayendo desde lo alto…
-¿Entonces la luna está habitada?
-¿Y qué tiene que ver la luna?
-Es que ese camello de la tele sólo cayendo de la luna puede haberse hecho esos dos chichones tan grandes.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio me dicen el gallo!
-¿Y qué vas a hacer?
-Pero, ¿y ki kikiri ki haga, mamá?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito? ¡No sabes que en el teatro no se habla!
-¿Es que quiero saber por qué esas bailarinas danzan en puntillas de pie?
-¡Ah, para no despertar a los que nos dormimos!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¡Qué quieres, Pepito!
-¿Qué es lo que hay en aquel árbol?
-Son ciruelas negras, hijo.
-¡Pero si son blancas, mami!
-Sí, son blancas porque aún están verdes.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Los Estados Unidos son un país libre?
-Se supone que sí, hijo.
-¿Entonces por qué mi tío Ariel dice siempre que no es libre desde que ha “estado unido” con su mujer?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Por qué metes el pijama debajo de la almohada?
-Para que no se arrugue.
-Entonces, ¿por qué no metes ahí a la abuela?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Puedo ver la tele?
-Sí, la puedes ver todo lo que quieras, pero no la enciendas, eh?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Mira esta fotografía…
-Esa era yo hace treinta y cinco años.
-¿Y quién es esa niñita que tienes en las piernas?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Mira, esta cámara fotográfica hace una foto perfecta al segundo!
-¡Qué mal deberá quedar el primero, pobrecito!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Según tu opinión, un perro policía que roba un trozo de carne es todavía digno de llamarse así?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡La abuela acaba de llegar de la peluquería! ¡Se cortó muchísimo el pelo!
-¡Qué bien! Así no parecerá una señora vieja.
-No, ahora parece un señor viejo.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Por qué siempre la estatua de la Victoria es una mujer?
-Cuando te cases lo comprenderás, hijo mío.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Qué son las epístolas?
-Creo que son las esposas de los apóstoles.
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio me dicen el egoísta!
-¡Pues diles que se vayan para la punta del cerro!
-¡No, yo voy, yo voy!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Ven, esto es lo mejor del zoológico! ¡Mira, este orangután es idéntico a papá!
-¿Cómo puedes decir una cosa así, hijo?
-Pero lo he dicho bajito, mamá. No creo que el orangután me haya oído.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-La tarea que me has hecho ayer estaba mala.
-¿En serio?
-Sí, pero no te preocupes, los otros padres también se equivocaron.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿No habían Príncipes Azules en circulación cuando tú te casaste con mi papá?
-No, sólo viejos verdes.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Tengo paperas! ¡Tengo paperas!
-Pues toma estas monedas y ya tiene pa´plátanos.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-La maestra se ha mostrado hoy muy interesada en nuestra familia.
-¿Sí?
-Sí. Me ha preguntado si tenía hermanos y le he dicho que tenía una muy chica que era igualita a mí.
-¿Y te ha preguntado algo más?
-No, después de eso sólo ha dicho: “Alabado sea Dios” y se fue.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Mi hermanita sólo sabe gritar y llorar!
-Eso es normal en los recién nacidos, hijo.
-Yo creo que te has dejado embaucar, mamá y te han dado una niña defectuosa.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito? ¡Tú sabes que no se puede hablar en los teatros!
-Es que quiero saber qué hace ese señor vestido de negro con la batuta en la mano.
-Marca el tiempo.
-¡Ah! ¿Y qué tiempo hará mañana, mamá?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Recuerdas dónde he dejado mi maldita pelota de fútbol?
-No sabría decirte, hijo mío.
-¡Qué bien! ¡He aquí la famosa falta de memoria de las mujeres!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Cuál es la definición de engreído?
-Vaya, me alegro de que me hagas esa pregunta, porque soy la mejor persona para responderla, hijo mío.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Me he peleado a puñetazos con Juanito! ¡Y perdí por tu culpa!
-¿Por mi culpa? ¿Cuántas veces te he dicho que cuentes hasta diez cuando te entren las ganas de pelear, hijo?
-¡Si yo conté hasta diez, mamá! Lo que pasa es que la mamá de Juanito le aconsejó contar sólo hasta cinco.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio me dicen el ingenuo!
-No, lo que pasa es que tienes tu cabecita llena de pájaros…
-¿Eh? ¡Quítamelos! ¡Quítamelos!
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Quisiera un libro que no fuera ni demasiado largo, ni demasiado corto; ni demasiado fácil, ni demasiado difícil; ni divertido, ni complicado, ni clásico, ni moderno.
-Entonces te aconsejo que lo busques ni aquí, ni allá, ni en otro lugar.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Por qué me levantaste tan temprano hoy?
-Es que levantarse temprano es muy útil, hijo mío. Me han contado del caso de un señor que se levantó un día más temprano para ir al trabajo y tuvo la suerte de encontrar un fajo de billetes.
-¡Pero, mamá, el que perdió el dinero se levantó más temprano aún!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Cuál es la definición de apatía?
-¿Y qué importa saberla?
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Qué haces en la terraza?
-Nada.
-¿Y cómo te das cuenta de que has acabado?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio me dicen idiota!
-¿Y a mi qué?
-¡A ti bruja!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Cuál es la definición de amnesia?
-¿Qué…qué me has preguntado?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio me dicen el comisario de policía!
-Pero, ¿y eso por qué?
-¡¡Aquí las preguntas las hago yo!!
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Cuál es la definición de evasivo?
-¡Anda, niño, anda a hacer la tarea!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Cuál es la definición de flatulencia?
-Esa pregunta me huele mal...

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Cuál es la definición de ignorancia?
-No sé.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Cuál es la definición de paranoico?
-Probablemente crees que no lo sé y me quieres pillar, ¿no?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio siempre me dejan solo!... ¿Mamá, mamá? ¿Mamaaaaaaaaaaaaá?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio me dicen el despistado!
-Está bien, pero ahora vete para tu casa y díselo a tu mamá.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Tengo un problema de personalidad! ¡Nadie me hace caso!
-¡Viejo! ¿Dónde pusiste el dinero?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Es verdad que cuando mi hermanita y yo no estemos, tú te dedicarás a sobreproteger a mi perro?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio me dicen el mafioso!
-Está bien, mañana voy a arreglar eso.
-¡Pero que parezca un accidente!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Cuál es la definición de hostilidad?
-¡Una pregunta más y te pego! ¿Me oyes, chiquillo malcriado?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio me dicen el mentiroso!
-¡Cállate, hijo, si tú no vas al colegio!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡No puedo recordar nada!
-¿Desde cuándo tienes ese problema, hijo?
-¿Qué problema?
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Qué susto! ¡Me he despertado, he ido a tu cama y no te he visto ni a ti ni a papá! ¡Corrí hasta la cama del abuelo y él tampoco estaba! ¡Y he ido hasta la mía y ni yo mismo estaba!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Hoy aprendí que sólo los tontos siempre dicen: “estoy seguro”!
-¿Tú crees eso, hijo?
-¡Estoy seguro!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Si algún día me caso tendré una esposa como tú?
-Seguro que sí, hijo.
-¿Y si no me caso me quedaré solterón como el tío Ariel?
-Así es.
-¡Qué voy a hacer! ¡Ayúdame, Dios mío!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio me dicen el cabezón!
-¿Y tú qué les haces?
-Yo les persigo.
-¿Y los agarras?
-¡No puedo, mamá! ¡Se meten por callejones muy estrechos!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Qué es una cornucopia?
-No sé… pero por lo que le he escuchado a tu padre, creo que es la imitación de un árbitro de fútbol.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¡Qué quieres, Pepito!
-¡Pero si tú me mandaste a llamar!
-¡Ah, sí! ¡Qué vergüenza! ¡Hace un rato te escuché decir una mala palabra! ¡Qué diría tu abuelo si te oyera!
-¡Pues diría que es un milagro, porque está completamente sordo!
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-En el colegio me dicen el duro.
-¿Qué?
-¡Yo no repito las cosas dos veces! ¿De acuerdo?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el colegio me dicen peludo!
-¡Auxilio! ¡El perro me está hablando!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Cuidado con el precipicio!
-¿Qué precipiciooooooooooooooooooooo…?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Hay una víbora en la sala!
-No, hijo, no es una víbora, es una manguera.
-Bueno, llama al médico, porque la manguera mordió al abuelo.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Los caramelos caminan por la pared?
-No.
-¡Ah, entonces me comí una cucaracha!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Europa está lejos todavía?
-¡Cállate y sigue nadando!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡En el baño aparecieron unos mejillones!
-No, hijo, es que el abuelo se ha cortado las uñas.
-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Me corté un dedito!
-¡Chúpatelo, hijo!
-¡Es que no lo encuentro!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Los limones tienen plumas?
-No, hijo.
-Entonces exprimí al canario.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Las peras tienen cablecitos?
-No, hijo.
-Entonces me comí una lámpara o un ratón.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Mi papá se ha caído a la calle desde el techo!
-Ya lo sé. Lo he visto pasar por la ventana.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Mi abuelito es mecánico automotriz?
-Claro que no. ¿Por qué lo dices?
-Porque ya tiene más de dos horas debajo de un camión en la calle.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿La estufa tiene lentes?
-No, hijo.
-Entonces se está quemando el abuelo.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Los tallarines se están pegando!
-¡Por mí que se maten!

-¡Mamá, mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡La abuela está en el teléfono!
-¡Pues sácala, que debe estar incómoda!

-¡Mamá, mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-Dame galletas.
-Tómalas tú mismo.
-¡Pero si no tengo manos!
-¡Pues si no hay manos, no hay galletas!

-¡Mamá, mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Los extraterrestres son buenos?
-¿Por qué lo dices, hijito?
-Porque se han llevado al vecino.
-¡Ah, entonces son buenos!

-¡Mamá, mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
- ¡Tengo una noticia buena y otra mala!
-¿Cuál es la buena?
-Que he aprobado todo.
-¿Y la mala, Pepito?
-¡Que es mentira!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Juanito me sacó la lengua!
-¿Y por eso tanto escándalo?
-¿Pero no ves cómo sangro?

-¡Mamá, mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Ve! ¡Que golpean la puerta!
-¡Pues que se defienda sola, que ya es grande!

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Yo nací de día o de noche?
-De noche, mi hijito.
-¿Y te desperté?

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-En la escuela me dicen “narigón”.
-No le hagas caso, lo que pasa es que tienes la cara muy atrás.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¡Pero si tú me llamaste!
-¡Ah, sí! Fue porque ví que volviste muy contento. ¿La has pasado bien en el colegio, no es cierto?
-Por favor, mamá. No confundas la ida con el retorno.

-¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Qué es un humorista?
-Es una persona que logra, si acaso, hacer sonreír a la gente que, en cambio, quería reír.

-¡Mamá, mamá!
-¿Qué quieres, Pepito?
-¿Ya leíste este libro?
-No, hijo, estoy esperando a que el lector que lo lee ahora termine.