Digitalizando recuerdos No. 1

aa11.jpgPara entretenerme y "desconectar" en mis pocos ratos de ocio, estoy sacando archivos empolvados de la bodega, relacionados con mi carrera. Algunos me han parecido que valen la pena digitalizarlos y guardarlos en mi nube. Pero antes los iré publicando en mis redes, como éste...

 

En la foto aparece una nota publicada en el diario Girón de Matanzas, Cuba, el día 11 de abril de 1991.
Trata sobre un evento muy importante para mí: el primer Concurso Nacional de Literatura Humorística Juan Ángel Cardi, convocado en el marco de la Séptima Bienal Internacional del Humor en Cuba.
El jurado estuvo integrado , entre otros, por Enrique Núñez Rodríguez, Mongo OP., Évora Tamayo y F. Mond, grandes figuras del humor de mi país de origen.

Mi amigo y colega Pible (que vivió conmigo en Chile un tiempo y después se mudó a Miami) y el que redacta esas líneas, concursamos, siendo ambos miembros del grupo escénico "La Seña del Humor".
Llegado el acto de premiación, en el público sólo estábamos Pible y yo como miembros de la Seña, pero nos rodeaban una pila de amigos colegas como los prestigiosos Ares, Boligán, Abela, etc., etc.
Además del jurado, estaba en el escenario el Ministro de Cultura Armando Hart.
Realmente no teníamos ninguna información de los premiados.
La maestra de ceremonias, la querida amiga Zenaida Manes, especialista del Museo del Humor, comenzó a leer los premiados.
Pues, para sorpresa y felicidad nuestra...
*A Pible le dieron Mención Honorífica en décima y mí me dieron Mención Honorífica en cuento.
*A mí me dieron Primer Premio en artículo, pero compartido ese primer lugar con ¡un artículo creado por Pible y por mí!
* A Pible y a mí nos dieron el Primer Premio en ensayo por uno que escribimos juntos.
De ese momento sólo recuerdo dos cosas: la algarabía, aplausos y bromas de nuestros colegas y amigos, y la expresión de extrañeza del gran guionista Enrique Núñez Rodríguez, presidente del jurado, porque ahí se enteraba él de los galardonados, ya que se concursaba con seudónimos y nadie -ni el jurado-, sabía el nombre de los autores. Su cara de extrañeza era debido a que él había dicho públicamente que no le agradaba el humor de La Seña, argumentando que no era humor criollo, que no éramos continuadores del genuino humor tradicional cubano (dijo en un diario que nos acercábamos más a Les Luthiers que a los colegas cubanos).
Por supuesto, nos dio la mano y nos felicitó muy amablemente.
En fin, este recorte de diario que ven en la foto, me hizo recordar gratos momentos en lo personal y como miembro de La Seña del Humor.
Vale la pena entonces guardarlo en mi nube para disfrutar del mismo recuerdo en un futuro.

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