El infeliz público que pifia al humor

quinta.jpgA propósito de la actuación de Hugo Varela en el Festival de Talca, quiero hacer otra reflexión.

Esa noche parte del público le pifió. Y también sucedió lo mismo en mayor o menor medida con las rutinas de los otros humoristas que se presentaron. Pues deseo volver a expresar aquí lo que hace años vengo diciendo del Festival de Viña y me da lo mismo que se enoje el que quiera.

Para mí es una falta de respeto, de educación y de decencia que el público abuchee, pifie, a un humorista (lo hago extensivo a cantantes, obvio) en esos eventos. ¡Con qué derecho, por favor! Los humoristas que van ahí, crean, se esfuerzan, ensayan, prueban las rutinas y les ponen la mejor de las ganas para hacerlos reír. No merecen que sean tratados así. Y si se equivocan al escoger su repertorio, si algo les falló (incluso los nervios), el peor castigo es que haya poca o ninguna risa, poco o ningún aplauso. Con eso es suficiente.

Cuando alguien va a un festival de esos, sea pagando o gratis, sabe previamente quién se presentará y sabe el orden del espectáculo. Así que si decide entrar, está muy consciente de lo que verá. Si por alguna casualidad, no le gusta el humorista que le tocó ese día, puede ir al baño, salir a fumarse un habano bien largo, salir a comerse diez empanadas o simplemente  puede levantarse y dar vueltecitas por ahí para dar tiempo. Y si se queda sentado, tiene derecho a no reírse, a mandar mensajitos con su celular, sin atender lo que sucede en escena y al final tiene derecho a no aplaudir, por supuesto. Pero no porque no le agrada el artista tiene derecho a protestar, insisto. Y menos armar un escándalo-pataleta porque deseaba seguir disfrutando al artista anterior, o deseaba que entrara rápido el próximo que esperaba.

Otra cosa es que le impongan un humorista que no estaba programado, o que el cómico le falte el respeto al público; por ejemplo, porque se presente borracho, o se le olvide la rutina, haga un acto inmoral, insulte a alguien o a todos, o algo parecido. Ahí sí hay derecho a gritar, a pifiar, a abuchear.

Por otro lado, me repugnan los carroñeros periodistas de espectáculos que incitan al público a que expresen esa mala educación para tener una noticia que contar después. Son los que inventan cosas como “El monstruo de Viña”, con la venia (y quizás algo más) de los organizadores o productores televisivos para provocar expectación en la sociedad: “¿pifiaran hoy a tal humorista?” “¿Se lo comerá el monstruo”?, etc.

Es rara la conducta social de mucha gente, que fuera del evento se comporta como una persona responsable, educada incluso. Pero al llegar allí y convertirse en uno más de esa manada, se pone en modo chusma y pierde la racionalidad y la ética, por decirlo de alguna manera.

Y termino con esto: en mi opinión, no seremos jamás un país desarrollado si no nos educamos más, si no valoramos más el arte, si no respetamos más a nuestros artistas y si no le damos la real importancia que tiene la cultura en general.

Basta de hacer de esos festivales un circo romano, donde el populacho chusma y cobarde vocifera y siente el placer primitivo de bajar el dedo pulgar para destruir inmerecidamente a un humorista y a veces hasta su carrera, sólo por el hecho de que a la jauría no le gustó.

 

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