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¡¡¡ESCRIBE TU PROPIO TEXTO DE HUMOR!!!

¡Crea tu Librura! ¿Qué quiere decir la palabra Librura? Es un simple juego de palabras, entre “libro” y “aventuras”, “travesuras” y otras “uras”. Es decir, es un juego creativo, donde tú redactarás un texto gracioso con la forma que quieras. Claro, el ideal es que te ayude tu familia, que lo hagan entre todos. Pepito.

1) Ahora te muestro un texto en forma de carta, escrito por mí, para motivarte a crear tus Librura.

CARTA AL VIEJITO PASCUERO

Villarrica, 22 de diciembre del año en curso.

Querido y estimado Viejito Pascuero: Este año no te voy a pedir una bicicleta como te la pedí el año pasado, pero fíjate bien en la dirección de mi casa en el sobre, porque el año pasado se la dejaste al niño del frente de mi casa y tuve que pelearme con él para quitársela. Esta vez no voy a pedirte mucho, únicamente un poco de dinero para mis golosinas, otro poco para dulces, algo más para mis juguetes preferidos, suficiente para otro capricho, un millón de dólares para gastarlo en lo que me da la gana y algo más para todo lo demás. Espero que me lo traigas todo, porque me porté muy bien.

Cariños. Pepito Alegría.

 
2) Ahora te muestro una parodia, que es una versión cómica de un modelo cualquiera. En este caso es un conocido cuento infantil.

UNA PARODIA DE LA CENICIENTA.

Érase una vez una joven desnutrida llamada Cenicienta, que trabajaba de nana en la casa de su madrastra. Un día el hijo del Rey dio un baile y a ella se le apareció el Hada Madrina, que le dijo: “vas a ir al Evento, pero debes saber que hay muchas cosas que el dinero no puede comprar. Pero para todo lo demás...” –dijo, sacando su tarjeta de crédito mágica, cuya luz propia irradiaba diminutas chispas fluorescentes y comenzó a impartir órdenes por su celular. Ya en el baile, todos se preguntaban quién era aquella joven flaca y teñida de rubio, con pinta de estúpida modelo de televisión. El Príncipe se enamoró al instante. Pero a las doce en punto, en medio de una cumbia de la Sonora Palacios... perdón, en medio del salón del Palacio, Cenicienta huyó, dejando un zapato talla 32 de cristal, que al otro día el Príncipe, soportando mucho olor a pata, lo usó para encontrarla y casarse con ella. Y fueron muy... No. No fueron tan felices, porque cayeron en una crisis económica. Fue cuando el hijo del Rey debió encargarse de la mágica tarjeta de crédito. El sueldo de Principal Gerente... perdón del Príncipe Regente, no le alcanzó para los pagos mínimos. Además, los intereses de las cuotas resultaron ser enormes por lo que se atrasó en algunas, le salieron cheques protestados y finalmente lo demandaron. Pero saben que algún día la crisis pasará y serán felices por siempre jamás, como pasa en los cuentos de Hada.

 
3) Ahora te muestro una fábula, que es una historia cuyos protagonistas son animales y que llevan un mensaje valórico.

LA FÁBULA DE LA JIRAFA Y EL BURRO

Frotábase su cabeza contra la rama de un árbol la señora jirafa. Había decidido dormir unos veinte minutos esa noche y no podía hacerlo, a causa del perro de su vecino, el señor burro, que no dejaba de ladrar ni un segundo. En cuanto amaneció, fue a quejarse. -¿Sabe usted que su perro se ha pasado toda la noche ladrando? –dijo la señora jirafa, mientras se limpiaba la oreja derecha con su lengua. -Gracias, vecina, muy buena su intención, habla muy bien de usted el demostrar tanta preocupación por la salud de mi perro –respondió el señor burro-. Pero no se preocupe por él. ¡Para portarse así por las noches, el desgraciado duerme todo el día! ¡Si es un pillo de mil diablos!

Moraleja: Perro que ladra no muerde... Sí, en la vida, perro que no has de ladrar, déjalo dormir. porque no por mucho ladrar se amanece más cansado. En fin, que es mejor perro en mano que cien ladrando.

 
4) Ahora, de ejemplo, te muestro una anécdota. Puede ser que te haya ocurrido a ti o a algún conocido tuyo.

UNA ANÉCDOTA FAMILIAR

Según me contó mi madre, su hermano (mi tío) cuando era niño le aseguraba que los hombres nunca podían tener miedo y que debían portarse siempre “como hombrecitos”. Pero un día se enfermó. Tenía más de 38 grados de fiebre y casi ni hablaba. Mi abuela llamó al doctor, el cual le recetó una inyección, además de una pastilla. Enseguida, mi abuelito Hilario se dispuso a inyectar a mi tío. Este, muy serio, miró a mi abuelo salir de la pieza para lavarse las manos, volver a su pieza, untar una mota de algodón con alcohol, sacar la jeringa de su plástico y poner el remedio dentro de la aguja. Mientras hacía todo eso, mi tío miraba como hipnotizado y no se movía de la cama. Pero cuando mi abuelo se dio media vuelta, con la jeringa en una mano y la mota de algodón con alcohol en la otra, mi tío se puso a tiritar y cambió de color hasta quedar casi transparente. Cuando mi abuelo le dijo que se bajara el pantalón del pijama, mi tío obedeció lentamente, con cara de pánico, pero al acercarse mi abuelo, mi tío estalló, se puso a llorar como un histérico, a gritar y patalear. Mis abuelos trataban de calmarlo y mi mamá le repetía que debía portarse “como hombrecito”. Sin embargo, nada tranquilizó a mi tío, que en otro ataque, salió corriendo hasta la calle llorando, gritando y ¡aún con el pijama por las rodillas!

 
5) Ahora, de ejemplo, te muestro la letra de una canción escrita por mí. El tema puede ser cualquiera y puede ser rimada o no.

LA CANCIÓN DEL PERRO Y SU MASCOTA

Un domingo de paseo,/un blanco y joven perro,/ jugueteando por un cerro/ vió a un niño sucio y feo.

Mucha lástima sintió,/pero no pudo acercarse/para intentar tocarle,/porque el niño le gruñó.

Después de pasado el susto,/el niño se fue aplacando,/el perro aproximando/y le acarició con gusto.

Contento se lo llevó/adonde estaban sus padres/y al verlos fue su madre/ la que enseguida gritó.

¡No lleves eso a la casa!/¡Cuántas veces lo he dicho!/¡No me gustan esos bichos!/¡Y mucho menos sin raza!

Contra su voluntad/tuvo que obdedecer,/pero decidió esconder/a su nueva amistad.

Ahora les cuento yo/-si a la historia me ciño-,/que el perro bañó al niño/y después lo alimentó.

Así, al verlo tan sano,/le enseñó al muchachito/que le trajera el palito/y a pararse en dos manos.

Como en la vida eso pasa,/tanto uno al otro se amó,/que la jauría aceptó/ querer al niño sin raza.

Y en lo que digo no yerro/con esta historia de amor:/“El hombres es el mejor/y fiel amigo del perro”.

 
6) Ahora, de ejemplo, te muestro un minicuento creado por mí. El tema puede ser cualquiera.

MINICUENTO "JUANITO"

Suena la melodía metálica de Para Elisa de Beethoven en el teléfono móvil que está en el bolsillo de su jean. Juanito abre los ojos, pero no hace ningún movimiento para contestar la llamada... Sigue sonando el celular. Juanito se mantiene con la mirada clavada en el techo. Persiste en su inmovilidad... Continúa la musiquita del teléfono reverberando en el espacio…
Juanito es así. El que lo conozca sabe por qué lo digo... Vayan, pregunten por ahí y averiguen cuántos juegos y fiestas, él ha dejado esperando. ¡Miles! Y todo porque, sencillamente, el niño no ha querido ir. ¡Ah!, y cuando le da por una cosa, ¡olvídense! Una vez le dio por no ponerse sólo zapatos derechos, otro por pintarse un canguro en la frente. Vamos que si le da por no comer, ¡se muere!... ¡Ustedes no saben cómo es ese niño!
Suena el Para Elisa de Beethoven. Juanito no hace ningún movimiento para contestar la llamada. Se oyen unos pasos. Juanito mira primero hacia la ventana y después al bolsillo donde está su celular. ¿Será, esa llamada, el aviso que él espera?... Continúa sonando el teléfono. Los pasos se alejan y Juanito vuelve a clavar la mirada en el techo... Sigue el Para Elisa sonando. Y suena y suena...
¡Juanito!... ¡¡Juanito!!... ¡Contesta, por favor!... ¡Oye, si no agarras el teléfono, te doy mi palabra que no escribo una letra más!... ¡Es que siempre pasa lo mismo cada vez que hago un cuento sobre este niño!...

 
7) Ahora, de ejemplo, te muestro una receta de cocina de verdad; es decir, que la puedes preparar y comértela, pero en una versión cómica escrita por mí.

HELADO A LA PEPITUÁ

INTRODUCCIÓN: Coloca en una mesa todos los ingredientes y utensilios que vayas a usar. Frente a ti, en la mesa, sienta a tu familia y/o a tus amigos. Puedes escoger a uno de ellos como tu ayudante.

INGREDIENTES: Una caja de un litro o litro y medio de helado de chocolate, aunque puede ser un kilo, o un decímetro cúbico, o simplemente diez amperes de chocolate. Una lata de leche condensada abierta (me refiero a una lata llena de leche condensada, de lo contrario habría que buscar otra. Incluso es preferible una lata de jurel a una lata vacía). Y una taza de leche (me refiero a una taza de leche, no a una taza de cerámica o porcelana, que son las que más abundan, pero no son las recomendables en este caso).

PREPARACIÓN: Lo pones todo junto en una juguera (cuando digo todo me refiero a los alimentos, por tanto, hay que sacar de ahí las cajas, las latas y las tazas, por supuesto). Acto seguido lo bates bien hasta que dejes la crema (no me refiero a que quede toda la cocina embarrada, la juguera rota o algo por el estilo). Y esa cremita la pones en el mismo envase del helado, aunque puede que no te alcance, porque como tiene dos tazas más, aumentó el volumen (y no me refiero al del televisor o la radio). Si no te cabe, lo pones todo en un envase plástico, o en una olla, o en el tanque del inodoro o en un hoyo en el patio. Después, colócalo en el congelador hasta que se haga helado nuevamente.

CONCLUSIÓN: Si haces la parte seria de la receta te saldrá un postre espectacular (y no me refiero a que te lo tomes tú sólo).

 
8) Ahora, de ejemplo, te muestro un sueño que tuve una vez.

SUEÑO: EL INSPECTOR

Mi tío Matías me llevó a pescar al río. Caminamos y caminamos. Y de repente, sin darnos cuenta, estábamos en medio de un desierto. No habíamos comenzado a transpirar cuando, de pronto, de la arena surgieron cuatro osos polares y nos rodearon. Tío Matías, con su gran agilidad mental, me agarró de un brazo y pegó un salto tan descomunal que caímos al borde de un precipicio, situado frente a una selva repleta de serpientes, leones, gallinas y mosquitos. No nos quedó más remedio que, con el impulso, rebotar dando otro salto, y caer en la cima de un volcán en erupcionando. Nos tomamos unos minutos para retomar el ritmo de nuestra respiración. Después, al observar el lugar, nos dimos cuenta de que el volcán no era tal, sino un gigantesco hormiguero. Decidimos entonces continuar saltando, hasta que caímos en una playa. Medio mareados todavía, llegamos con dificultad a una cueva. Y para sorpresa nuestra, allí se encontraban jugando dominó, un indio apache y un cosmonauta. Mi tío Matías les obsequió un frasco de mayonesa que llevaba en el bolsillo y yo les regalé mi boomerang. El cosmonauta lo lanzó lejos y a las dos horas el boomerang regresó, pero arrastrando por el aire al inspector de mi escuela que no lo soltaba. Al ver al inspector, del susto me desperté.

 
9) Ahora, de ejemplo, te muestro una entrevista, inventada y escrita por mí, a un personaje famoso. Puedes “entrevistar” a cualquier personaje real o no.

ENTREVISTA A CAPERUCITA

PEPITO: Tengo el honor de entrevistar a una figura muy importante dentro de la Historia del Literatura Infantil. Me refiero a la conocidísima Caperucita Roja. La primera pregunta es sobre una gran duda que tengo. ¿Fue en realidad un lobo lo que se encontró usted en el bosque? Porque, la verdad Caperucita, es difícil creerse el cuento de que un lobo hable. ¿No habrá sido un loro?

CAPERUCITA: Mira, hace tanto tiempo de eso y como el bosque es tan oscuro, quizás pudo ser loro en vez de un lobo. Pero por una letrita no vamos a cambiar la Historia de la Literatura, ¿no es cierto?

PEPITO: Sí, pero por muy oscuro que estuviera el bosque, usted hubiera reconocido enseguida a un loro, porque éstos tienen colores brillantes…

CAPERUCITA: Pues este parece que era un loro inco-loro.

PEPITO: Bueno, hay otra pregunta que siempre me hago, ¿por qué usted es Caperucita Roja y no Verde o Azul? ¿O es su apellido?

CAPERUCITA: No, me dicen así, porque en el cuento corrí, corrí, corrí tanto que me puse roja. Después cada vez que me lo señalaban me ponía roja de vergüenza y eso ayudó a que se me quedara el sobrenombre.

PEPITO: Bueno, Caperucita, para ir terminando la entrevista: ¿a qué se dedica en la actualidad?

CAPERUCITA: Mira, Pepito, desde que mi abuela obligó al leñador a casarse con ella, me fui a vivir con los dos, terminé la escuela y me hice guardabosque. Tengo el orgullo de decir que desde esa época no hay ni lobos, ni loros feroces, ni siquiera hay violencia en mis cuentos.

PEPITO: ¿Y cuáles son sus planes futuros, Caperucita Roja?

CAPERUCITA: Lo que quiero es casarme con mi Príncipe Azul y tener hijos violetas.

 
10) Ahora, de ejemplo, te muestro una curiosidad histórica, un hecho real que escogí y que escribí como si fuera un relato inventado por mí.

UNA CURISOSIDAD HISTÓRICA EN AUSTRALIA

Ya no recuerdo bien, pero me parece que fue entre 1768 y 1771. Ese día mi pelotón desembarcó en Australia. El viaje desde Londres fue muy agitado y la última comida (un cebiche preparado un mes antes de salir el barco) me cayó mal. Por eso, en vez de ir directo a las barracas, corrí como un loco hacia los matorrales. Y allí, agachado haciendo mis necesidades, lo vi. Como a quince metros se encontraba un enorme ratón casi tan alto como yo. No lo podía creer. Pero lo raro no era sólo el tamaño, ¡de su estómago salía la cabecita de otro ratón! Sin embargo, lo que me dejó pálido y boquiabierto fue el descomunal salto que dio cuando vio aparecer a un nativo entre la espesura. Por estar tan impresionado del salto de aquel animal, no me percaté de la llegada del nativo. Me entró un escalofrío que recorrió mi espalda. Mi arma había quedado a más de un metro y calculé que si me lanzaba a recogerla, él podría llegar primero y quién sabe lo que podría ocurrir. Pensé en gritar, pero sabía que había corrido muy lejos para hacer mis necesidades, por lo tanto, no me quedó más remedio que esperar mi destino. El nativo dio una vuelta a mi alrededor, olfateó a mi espalda y corrió hasta sentarse en una piedra frente a mí. Le miré lo más natural que pude y haciendo como si no le tuviera miedo, le pregunté cómo se llamaba aquel ratón. “Kan Ghu Ru", me respondió. Y por mucho que insistí, siempre me repitió ese nombre. Después de comprobar aliviado que era un nativo pacífico, también aliviado terminé de hacer mis necesidades y me alejé del lugar dejándolo impresionado por lo que hice. Por más de doscientos años he contado esta historia por toda Inglaterra y sólo hace poco me di cuenta que yo fui el culpable de que a esos grandes ratones se les conozca hasta hoy con el nombre de canguros (o Kan Ghu Ru, como repetía siempre el nativo). Bueno, también me enteré que Kan Ghu Ru, en el idioma del nativo, quiere decir: “no le entiendo”.

 
11) Ahora, de ejemplo, te muestro un texto en forma de diario. Un fragmento de un diario inventado y escrito por mí.

FRAGMENTO DE MI DIARIO

Domingo… Después de acompañar a mi madre al supermercado, ayudé a mi padre a engrasar todas las bisagras de la casa. ¡Qué diversión! Tanta, que estuve a punto de llamar por celular al Hombre de la Bolsa, para que viniera urgente y me llevara para siempre. ¿Lo bueno? Que se me ocurrió empezar este diario.

Lunes… Hoy me obligaron a cuidar a mi hermanita casi todo el día. La acosté en su cochecito, amarré éste al péndulo del enorme reloj de pared y se pasó todo el tiempo meciéndose, por lo que chilló muy poco.

Martes… Mi hermanita me dejó boquiabierto, tieso y sin resuello. La puse en su cuna y se cayó de cabeza al suelo… ¡Y ni chistó! ¡Como si fuera de goma! Repetí aquello hasta que mi madre la recogió en la última caída y salió gritando, creo que al hospital. ¡Histérica que son las mujeres!

Miércoles… Hoy puse a mi hermanita en la cuna y no hizo lo que me dejó boquiabierto, tieso y sin resuello. Parece que lo superé. Sin embargo, el paso del tiempo y la ausencia de la acción de mi hermanita, me dejó boquiabierto, tieso y sin resuello.

Jueves… Día normal y plácido, sólo interrumpido por el pote de betún neutral que se comió mi hermanita y la histeria de mi madre corriendo de nuevo al hospital.

Viernes… Hecho de menos lo que me dejó boquiabierto, tieso y sin resuello. Pero bueno, mañana será otro día.

Sábado… En efecto, hoy es otro día y quizás mañana será distinto.

Domingo… Es distinto, pero no tanto como esperaba. Mi hermanita mordió al perro y éste se quedó boquiabierto, tieso y sin resuello…

 
12) Ahora, de ejemplo, te muestro un consejo muy útil, muy práctico y que debemos saber todos, pero que lo escribí en forma de relato.

UN CONSEJO PRÁCTICO

Todo comenzó cuando quise cambiar el afiche de Harry Potter que tenía pegado en la pared de mi dormitorio, algo pasado de moda, por el de las Crónica de Narnia que me habían regalado y estaba precioso. Mi casa, toda de madera, facilitaría mi maniobra. Traté de arrancarlo con delicadeza para que no se rompiera. Pero se me rasparon dos dedos y una uña se rajó. Decidí entonces ser más violento y agarré una cuchilla, pero hasta se ralló la madera de la pared y parte de la cartulina, al resbalar mi mano, tumbando un cuadro en la acción. Nada. Entonces me fui por la vía más ruda. Tomé la espátula de mi padre y haciendo fuerza intenté sacarlo con una capa de madera, aunque me llevara un reto de mi familia… Parece que le puse mucho empeño, porque de repente la pared cedió y cayó completa, conmigo incluido, hacia el otro lado. Como era una pared de “carga”; es decir de las importantes que soportan la construcción, vi con gran susto como se desplomaba toda la casa. Durante el largo castigo que me pusieron, investigué y aprendí lo siguiente: Si tu afiche está pegado en una superficie de madera, pásele alcohol. O si no, con un secador de pelo échale aire caliente un rato. Si la pared no es de madera, moja bien un papel secante en agua y colócalo sobre el afiche. Déjalo ahí un rato y después lo sacas con comodidad… ¡Si yo hubiera sabido todo esto antes!... ¡Ahora no viviríamos en esta cueva en la montaña!