Narrativa

Cuentos de bufones No. 4

cara51_10.jpgÉrase una vez, hace poquísimos años y en un lugar muy cercano, un distinguido y serio comerciante que si dirigió hacia el bufón,  para comprarle un chiste. 

Esa noche el hombre debía asistir a una importante tertulia donde se codearía con otros colegas, todos involucrados en una gran transación.

“Un chiste sobre las finanzas, o el mercado en general”, le pidió al bufón. Al cabo de unos minutos ya tenía en su poder varios chistes sobre el tema, con los que rió mucho por el ingenio con que fueron hechos. Se decidió por el más conceptual para destacarse mejor esa noche.

Cuentos de bufones No. 3

cara51_18.jpgÉrase una vez, hace poquísimo tiempo y en un lugar muy cercano, una solemne, severa y temida autoridad, el cual aplicaba con suma rigidez sus leyes en aquella Villa. Él era famoso por castigar a los que se atrevieran a reír o sonreír en público. Y sus castigos iban desde cadena perpetua por una sonrisa, hasta la guillotina por una risa.

Una mañana como otra cualquiera, recibió una carta firmada por La Muerte donde le decía que iría a llevárselo, inobjetablemente, esa misma noche.

Cuentos de bufones No. 2

cara51_54.jpgÉrase una vez, hace poquísimos años y en un lugar muy cercano, un bufón saliendo de su casa una mañana bien temprano. 

En la calle, todos los pobladores de aquella Villa marchaban a sus trabajos, serios y ensimismados. El bufón entonces los saludaba con una serie de cómicas genuflexiones, pero no obtenía ninguna reacción de la gente.

Por las tardes, los villanos regresaban a sus casas, graves y taciturnos. El bufón entonces les hacía morisquetas, acrobacias y realizaba pantomimas graciosísimas, pero la gente se mantenía inalterable.

 

Cuentos de bufones No. 1

cara51_0.jpgÉrase una vez, hace poquísimos años y en un lugar muy cercano, un bufón abriendo la puerta del Salón del Palacio de la Villa.

Al entrar, con toda intención tropezó con algo e hizo una ridícula pirueta para no perder el equilibrio. Enseguida notó cómo un perro, echado sobre la alfombra roja, movía la cola varias veces seguidas y cómo un mono sosteniéndose con un brazo en la enorme lámpara del techo, se mecía y le enseñaba los dientes, chillando con alegría.

Como respuesta, el bufón soltó su especial “ja, ja, ja” y un loro desde su jaula colgada en un rincón del Salón, imitó su risa.

 

Fábula No. 13

cara51_48.jpgFábula del cerdo y el hortelano

Faenábase el maese verdulero en su huerta de él, como érase su costumbre, cuando un joven cerdo, ya entradito en lodo, dejose de engordar tras la cerca aledaña al hortelano, y dirigiose a éste:

-¡Hey , buen  vecino! ¿Puedo hacélore a su merced una consulta, por favor?

El cansadolo y sudorosolo cultivador, dejose de quitar las malas hierbas de alrededor de unos retoños de acelga, lo mirose y asiéntole con su cabeza de él.

-¿Sabiole usted por qué tengo queste hoyo debajo de mi colita? –quiso saber el cochino chancho, señalánsose el trasero.

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