Narrativa

Fábula No. 12

cara51_33.jpgFábula de la mosca y el caballo

Íbase una mosca cabalgando ha toda brisa sobre las ancas de un brioso corcel, cuando de repente, comenzose a gritarle al equino a todo pulmón “¡Deteneos!” “¡Parad” “¡Parad!”.

Asustándose, la noble bestia giróse su cabeza de él, para preguntarle a la mosca: “¡Válgame dios! ¿Qué os sucedeis, histérica mosca?”

La mosca, con sus patas tapándose el rostro, respondióle: “¡Es que por mirar hacia delante, se me ha metido un mosquito en el ojo, maese caballo!”

 

Fábula No. 11

cara51_12.jpgFábula de la oveja, el perro y la flema

Leíase un diario un oveja inglesa de fina raza. Estábase sentada en la terraza de su distinguido Club. A sus pies della, su amigo della, un perro de caza, descansábase en aquesta brumosa tarde británica.

De repente, pasóse una gato ordinario corriéndose por delante de ambos ellos. Transcurridos cinco minutos exactos, el perro de caza incorpórase con cierta perézeza, levantose una pata delantera y otra trasera, dejándolo su lomo de él bien horizontal y formando una sola línea con la cabeza y la estirada cola de él.

Fábula No. 10

cara51_23.jpgFábula del pato, el cerdo y el campesino

Caminábase el señyor Alepriste, campesino de pura cepa, por la vereda del sol, lo que producíale una ejtrema traspiración. Veníase de alimentar a sus animalexos en sus corrales de él. Empero para comer desta noche toda su familia de él, Alepriste traíase un pato blanco de brillantes plumas baxo su brazo siniestro.

Y quando pasábase por la puerta de la hostería, escuchose em el lugar la voz de un parroquiano: “¡Hey! ¿Que ha dónde vais con dese cerdo?”. Emtonces, el señyor Aleprista virólose e y le contestólole: “Non, buen hombre, ¡questo es un pato!”. Y la misma voz respondiólole : “¡Callaos usted, que estoy hablándole al pato!

 

Fábula No. 9

cara51_19.jpgFábula del inteligente perro de maese Juan

Alardeábase maese Juan em la plaza principal de su villorio de él, della inteligencia de su perro de él. Y em eso estábase, rodeado de villanos e y villancicos, quando el señyor Luis acercósele y le dijo: “Apuéstole a su merced que vuestro perro de usted será incapaz de ir hasta el puesto de frutas de doña Ximena, comprar un par de manzanas e y traerlas”. “¡Por las barbas de los Reyes Magos! ¿Qué decís?, respondió maese Juan asombrado, “¡Eso es coser y cantar para mi genial can, hombre de dios! ¡Entregadle usted el dinero constante e y sonante u e y verá lo que dígole a usted!”, agregolo con el pecho hinchádolo. El señyor Luis, sacóse de un bolsita de tela varias monedas u y dióselas al can, el qual salióse disparadose, perdiéndoseles de la vysta entre la multitud.

Fábula No. 8

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Fábula de la tortuga risueña.

Reuneose en la selva todos los animales ha contar chistes con un juego ejtremo. Si alguno non ríase del chiste, ahorcábanle de inmediato. Emtonces la señyor xirafa cuenta uno e todos riéronle el chiste de él, menos el señyora tortuga. Ansí, la señyor xirafa es la primer que púsose el muerto. Acto seguydo, la señyor  zorro cuéntale un chiste ha los presentes e y deste provócale grandes carcaxadas al auditórium, menos a el señyora tortuga que non riósele e y la zorrósela fue sacrificádola.  Empero quando el señyorita hipopótama íbase ha contar el suyo della, el señyora tortuga empezole a reír syn parar. “¿De qué os rieis, señyora tortuga?”, preguntole el león. “Es que ahora entendí el chiste del xirafa”, explicole la quelonio.

 

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