Photochístesis

Fototexto No. 3. "Mis orígenes"

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Esta noche sentí nostalgia y me puse a mirar fotos viejas. Las pocas que pude traer conmigo a Chile.  Y me encontré esta mía, de hace muchísimos años, que no recordaba. Para los que no me reconozcan, soy el cuarto de derecha a izquierda).

 

Fototexto No. 2 "Él y Ella"

Yo me adelantaba, y ella me seguía... Ella entonces corría, y yo la alcanzaba...

Sí, a nosotros nos gustaba dar largos paseos, ya tarde en la noche, por las calles desiertas y mal alumbradas. Y jugábamos, como niños traviesos, a romper el silencio, a cruzar esas calles, de acera a acera, en zig zag, o a desafiar la mala suerte asustando a un gato negro. A veces, llegábamos a un parque y mirábamos al fondo de la fuente pidiendo apasionadamente un deseo: "estar siempre unidos". Sin embargo, otras noches preferíamos quedarnos solos, uno al lado del otro, en el portal de ella, contemplando el cielo. Y cuando veíamos una estrella fugaz, rápidamente pedíamos nuestro único deseo: "estar siempre unidos". Después, comenzamos a vernos por las mañanas y por las tardes. Sí, fuimos novios sin descanso… 

Entonces me decidí. Le pedí algo a ella. Fui rechazado. Insistí. Insistí tanto que ella, al fin, cedió.

Fue en ese momento que nos dimos cuenta: ¡Se nos había cumplido el deseo! ¡Estábamos unidos para siempre...!

Bueno, no para siempre, aunque para nosotros fue una eternidad. Tratamos de aislarnos porque todos nos señalaban; unos niños nos tiraban piedras; una madre le prohibió a su hija que mirara. Pero lo peor fue el hombre que nos echó agua con una manguera.

Hasta que pudimos separarnos, cada uno por su lado, empapados y con las orejotas caídas...

Como ven, desde ese día ya voy preparado cada vez que salgo con ella.

 
Foto: Francisco Puñal.
Texto: Pepe Pelayo.
 
(Este cuento obtuvo el Tercer Premio en el Concurso Internacional de Cuento Breve "Poetimaores", Argentina.)

 

 

Fototexto No. 1 "Farruco"

Suena la melodía metálica de un reguetón en el teléfono móvil que está en el bolsillo de su short. Farruco abre los ojos, pero no hace ningún movimiento para contestar la llamada... Sigue sonando el celular. Farruco se mantiene con la mirada clavada en el techo. Persiste en su inmovilidad... Continúa la musiquita del teléfono reverberando en el espacio.

Farruco es así. El que lo conozca sabe por qué lo digo... Vayan, pregunten por ahí y averiguen cuántas citas, reuniones, fiestas, él ha dejado esperando. ¡Miles! Y todo porque, de repente, el señorito se le ocurrió ir a otro lugar, o hacer algo diferente, o no hacer nada, claro. ¡Ah!, y cuando le da por una cosa, ¡déjenlo! Una vez la agarró por no ponerse zapatos derechos, ¡y aquello fue un escándalo!... ¡No, y le da por no comer, y se muere! ¡De verdad que se muere!... ¡Ustedes no saben quién es este tipo!

Suena el reguetón. Farruco no hace ningún movimiento para contestar la llamada... Se oyen unos pasos por la acera. Farruco mira primero para la ventanilla y después al bolsillo donde está su celular. ¿Será, esa llamada, el aviso que él espera?... Continúa sonando el teléfono. Los pasos se alejan y Farruco vuelve a clavar la mirada en el techo... Sigue el reguetón sonando. Y suena y suena...

Farruco... ¡¡Farruco!!... ¡Contesta!... ¡No te escondas tras el sombrero!... Mira, ¡Si no agarras el teléfono, te lo juro por mi madre que no escribo una letra más!... ¡Caballeros, siempre es lo mismo cada vez que hago un cuento sobre este hombre!....

 
Foto: Francisco Puñal.
Texto: Pepe Pelayo.

 

 

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