Sobre el humor

Para gustos se hicieron colores

cara71_1.jpgUn amigo me pregunto cuáles son los humoristas que me gustan verdaderamente. Me imagino que al ver que critico tanto el humor que se presentó en el Festival de Viña, se imaginó que tengo un gusto extraño, o excéntrico.
Le respondo:
Pues me gustan muchísimos. Por ejemplo, los chilenos Coco, Chino Navarrete, Bombo, Dino, Alvaro Salas, Hervi y sobre todo Felo, me gustan , aunque ninguno es lo que hago, lo que me satisface. También Kramer, a pesar de su evidente falta de libreto. Y a pesar de no reír como yo quisiera, a todos los admiro y respeto. ¿Que me llenen completamente? Soy fanático (sin orden de nada) de Les Luthiers, Chaplin, Buster Keaton, Leo Masliah, Fontanarrosa, Quino, Ares, Boligán, Ajubel, Tres Patines, Grupo MozArt, PAgagNiNI, Triciclo, Mota, Daniel Samper, Woody Allen, Mark Twain, Chesterton, Cervantes, Jardiel Poncela, Robin Wiliams, Zumbado, Sala Manca, Groucho Marx, la comedia italiana de los años 60 y 70, Monty Python, Mr. Bean, Sirí Siiva, y muchos, muchos humoristas más de todas las manifestaciones artísticas. Como ves, es el Olimpo del humor, pero insisto, acepto hasta Dinamita Show cuando no se ponen vulgares.

Sexta presentación del humor en Festival de Viña 2017

cara71_40.jpgLe tocó el turno al señor Fabrizio Copano. Él es el más fiel representante del stand up comedy. Un género que se basa en la interacción con el público rompiendo la cuarta pared y apoyándose básicamente en el guión, con una forma natural de comunicación, sin relevantes elementos de actuación ni mucho menos.
Por lo tanto, me limito a decir que tres cuartos de su rutina se basó en lo político-ideológico y el resto en humor blanco, a veces picaresco, aunque no llegó a agredir cuando pasaba por la frontera. Según me percaté, dijo pocas malas palabras; aunque de esas pocas muchas fueron innecesarias, pero no quiero remarcar eso, porque parecería demasiado puritano. Sólo sí afirmo que yo no las diría en escena.
Puedo decir también que se ve que tiene una buena percepción de su entorno, de donde saca los materiales para sus guiones, que los procesa de manera aguda, con cierta tendencia al cinismo y la ironía dura.

Quinta presentación del humor en el Festival de Viña 2017

cara71_40.jpgMe imagino que algunos dirán que es lo mejor que ha pasado por el Festival. Pero también otros dirán que no se rieron nada, como siempre sucede.
En realidad hay poco que decir. El señor Rodrigo Villegas pensó bien su rutina, porque le tocaba después de Maluma; es decir, actuar ante un público joven de dudoso gusto (me refiero a que son fanáticos de un género musical extremadamente básico y con letras chabacanas y vulgares). Así que comenzó con chistes sobre su gordura. Eso siempre funciona. Claro, hasta un punto, si te pasas y te ríes mucho de ti mismo, puede que provoques burlas en los espectadores al ver que ni tú te respetas. Pero el hombre siguió con el tema de su obesidad y siguió y siguió. ¡Qué manera de arriesgarse! Pero le salió bien, por lo menos para los allí presentes. Hizo humor blanco, muchas veces pícaro, en ciertos momentos se pasó un poquitín, pero nada muy agresivo. Lo que sí dijo varios garabatos sin justificación.
Me imagino que por poco le da un infarto al ver que el público de la galería gritaba y él pensó que lo estaban echando a él, pero fue a un delincuente que carabineros se llevó. Un susto nada más.
Yo me alegro de que le haya ido bien, a pesar de que me hizo sonreír sólo un par de veces, pero la culpa es mía que soy muy exigente y prefiero otro tipo de humor, como siempre explico.

Stand up comedy versus vieja forma de hacer humor

cara71_3.jpgHe leído de opinólogos en los diarios que enfrentan, que ponen de enemigos, al estilo tradicional de hacer humor con el stand up comedy, inclinando sus preferencias hacia éste último argumentando eso de que “son los nuevos tiempos”, “lo que está pidiendo el pueblo” y otras frases que evidencian una ideologización; es decir, casi en primera lectura nos dicen lo necesario de pasarle la “retroexcavadora al viejo humor”, recordando el torpe, peligroso y tristemente célebre concepto expresado en nuestra política.
Para mí, total error. No existe un género, un estilo, mejor que otro. Ni la novela barroca es mejor que la poesía épica, ni la pintura abstracta es mejor que el cubismo, por poner dos evidentes ejemplos. Todas son manifestaciones artísticas de igual valor. Entonces no se trata de enfrentarlas, de enemistar a sus artistas practicantes.
Y también dejo bien claro que el humor no es de izquierdas ni de derechas. El humor es para divertir, también para hacer pensar, para criticar constructivamente lo mal hecho y satirizar a cualquier tipo de autoridad, por lo tanto el humor no está parcializado ni atado con nada ni nadie. Odio cuando lo manipulan.
Y en el arte, sólo existe el bueno y el malo. En nuestro caso, si un o una humorista tradicional presenta una rutina mala, el malo es él o ella, no el género. Si un “militante” del stand up comedy presenta una rutina mala, malo es él o ella, no el género.
A partir de este punto es mi reflexión.

Cuarta presentación del humor en el Festival de Viña 2017

cara71_10.jpgEs un placerazo no redactar estos comentarios sintiendo la mezcla del enojo, rechazo y dolor, al ver a mi querido humor pisoteado por el mal gusto, la chabacanería, grosería, vulgaridad o el facilismo, el oportunismo o la ignorancia y los complejos.

Lo anterior lo digo por lo que hizo el representante de la cuarta noche del humor en el Festival.

El señor Ja Ja Calderón pertenece a la vieja escuela, que por vieja no significa caduca (y lo digo pensando en mí también).

Utilizó en su rutina un abanico de tipos de humor.  Mayoritariamente desarrolló la crítica político-social y en ella encontré sátiras e ironías que clasifico dentro del humor. E hizo críticas burlonas no humorísticas que también dan risa, claro, pero que no es humor. Y además, dijo verdades directas y todos sabemos que las verdades provocan aplausos y risas de complicidad y aprobación. Siempre un tema delicado, como una crítica al gobierno o hacia alguna autoridad, sobre todo diciendo nombres y apellidos, como es algo que uno también desearía hacer pero no tiene cómo expresarla públicamente, nos identificamos con ese artista en escena que la dice y de esa manera uno ríe y aplaude de la alegría de ver que alguien “hizo justicia” diciéndolo por uno

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