Textos en serio

La profesión de llorar y reír

lloronas.jpgCuando la devastación de Judea, el profeta Jeremías cuenta que el pueblo hebreo –a solicitud de su dios-, llamó a lloronas (conocidas como “lamentatrices”). Después esa costumbre se extendió a griegos y romanos. Incluso se sabe que se practicaba en el Antiguo Egipto también. Con el tiempo a las mujeres con ese oficio se les llamó plañideras. Sabemos por la literatura que en España fue muy popular. Y en Inglaterra hay empresas especializadas en ese mercado. Las plañideras van a los velorios o ritos fúnebres a llorar. Pero no sólo eso, estudian al muerto para demostrar que lo conocían bien y entre llanto y llanto les comentan a sus vecinos de asientos las virtudes del difunto, sea estas reales o no.

¿Día de las Madres?

7582_dominado.jpg¿Cómo surgió el Día de las Madres? Copio aquí, sintetizada, la información que encontré googleando: La celebración comenzó en el siglo XVII en Inglaterra, conocida como “Domingo de la madre”. Los ingleses que llegaron a Estados Unidos conservaron la tradición. En la primavera de 1907, Ana Jarvis, ama de casa quien recién había perdido a su madre, les escribió a profesores, políticos y abogados para que la apoyaran en su celebración a las madres. La fecha escogida fue el segundo domingo de mayo. En 1910, la celebración del día de la madre se realizaba en todo Estados Unidos. La fecha fue proclamada como oficial en 1914.

Sobre bomba terrorista

descarga_4.jpegLo fundamental que distingue a los humanos, de un ser vivo cualquiera que no piensa, es estar consciente del valor de la vida, del valor del ser humano, sea éste blanco o negro, atleta o discapacitado, hetero u homosexual, pobre o rico, ignorante o genio, de izquierda o derecha, creyente o ateo, etc., etc.

Por lo anterior, los terroristas, en cualquier variante como los ecoterroristas que se adjudicaron el envío de una bomba al presidente del Metro, con ese desprecio a la vida humana, que por el solo hecho de pensar distinto a uno merece la muerte, deben estar recluidos –para mí-, con cadena perpetua y duros trabajos que paguen su encarcelamiento y no tengamos que pagarlo los contribuyentes (no estoy por la pena de muerte, para no ser como ellos).

La pandemia del terror

57548368_10219321585173770_5061370636211847168_n.jpgTodos quisiéramos erradicar el cáncer, el SIDA y las epidemias de este mundo. Por eso los países gastan mucho dinero en investigar, experimentar y crear los remedios para combatir esos flagelos. ¿Pero qué pasa con las pandemias llamadas AL Qaeda, Estado Islámico, Hamas, Hezbolá, Boko JMI (Jamaat-ul-Mujahideen India) y ahora el National Thowheeth Jama’ath (NTJ) en Sri Lanka? ¿No deberían los países gastar dinero también en tratar de eliminar esas plagas que tantos muertos provoca y tanta destrucción produce? Esas pestes son enemigos de cristianos, judíos, budistas, hinduistas, ateos, agnósticos, mujeres, gays, deportistas, boy scout, enfermeros, humoristas, campesinos y hasta de los musulmanes que no piensan como ellos.

¿Antisocial, antisistémico o acomplejado?

57502813_10219287471120940_657096478363222016_n.jpgHoy fui al Centro en Metro. A mi lado se sentó un joven. Tenía tatuado los brazos, todo el cuello y parte del rostro. Llevaba puesto piercing en la nariz, en un párpado, dos en el labio inferior y en cada lóbulo de sus orejas tenía insertado sendas circunferencias como tapas de frasco de mayonesa. Disimuladamente, pero con esfuerzo, pude observar que solo tenía pelo en el medio de la cabeza, estilo mohicano y de color azul cobalto. Pasé trabajo porque usaba un abrigo con capucha, tipo franciscano. Y por supuesto veía con profunda atención su celular.
Mirándolo de reojo comencé a especular sobre él. Podría apostar a que no se gustaba físicamente ni un poquito, porque por algo quería mostrar una imagen que escondiera la suya. Y conjeturé que no andaba muy bien de personalidad tampoco, porque no era capaz de vencer sus complejos y además, era evidente que no le interesa la sociedad, sin contar que sabía que con todo eso en su apariencia se iba a destacar entre los demás y para eso lo hacía, ya que su baja autoestima era evidente, pensé.

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