Polémica entre humoristas

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No veo televisión. No porque sea mala. Es porque no tengo tiempo para eso. Priorizo otras cosas. Pero como le dedico un rato al día a Internet (noticias Google, navegar sobre temas que me interesan, Facebook y algo de Twitter, Instagram y YouTube para promocionar mi obra sobre todo), ahí me entero de lo que sucede en el universo del humor, tema que me apasiona.

Pues por esa vía me enteré de que varios programas “Matinales” de la TV, abordaron la polémica de los vergonzosos abucheos y pedradas a algunos humoristas y la rivalidad de los que practican el stand up comedy y los cuentachistes y monologuistas “antiguos”, como les llaman los primeros.
Entonces vi uno donde tenían a varios invitados. No quiero parecer que estoy criticando a los colegas. Todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión. Lo que me provoca analizar son los conceptos detrás de lo que allí se dijo y que sé pueden hacer daño a públicos ingenuos.
1-La rivalidad entre las modalidades de stand up comedy y de contar chistes y hacer monólogos en escena no existe. Es como si dijera que existe una guerra entre la poesía y la narrativa, o entre el ballet y la danza moderna. Es un absurdo. Los que sí han creado una rivalidad son algunos miembros mediocres del stand up comedy y algunos cuenchistes y monologuistas que se sienten agredidos por éstos.
2- Algunos aseguran que la gente está abucheando a los humoristas “porque Chile cambió”, “porque hacen humor antiguo”, “porque nadie quiere reír ya con chistes contra gay, machista, etc.”. Falso. Hay públicos para todo tipo de humor. Y cuando le va mal a algún humorista “antiguo” es porque hay un grupito ideologizados y agresivos que “funan” a los colegas y arrastran consigo a otros que ni saben bien por qué participan en las “funas”, o porque les agrada el morbo de destruir a otros, o porque ya tienen el cerebro lavado.
3- Según esos mediocres ideologizados, ya nadie quiere escuchar chiste de gay, por ejemplo. Falso. Cuando dicen “nadie”, “todos”, “el pueblo”, etc., se refieren nada más a ellos y a los pocos que piensan como ellos. Me explico más: cuando hace 20 ó 30 años, veía un humorista que contaba un chiste de homosexuales y veía que en ese chiste denigraba al gay, no me gustaba y no consumía más al humorista, así que no es que “cambié” ahora.
4- Se pueden hacer chistes de homosexuales sin denigrarlos y son chistes válidos. Es como los chistes que se hacen sobre alguien que es muy serio, o alguien que siempre sonríe, o alguien que sólo come frutas, etc. No son defectos y no se discriminan a esas personas. Además, sabemos que hay gay que merecen repudio, porque no todos los carpinteros, no todos los calvos, no todos los que hablan rápido y no todos los gay, por poner algunos ejemplos, son buenos (ni todos malos, claro). Por lo tanto, han querido por razones ideológicas ocultas, meternos en la cabeza eso de que no se pueden hacer ningún chistes sobre los gay, o sobre las mujeres, o sobre esto o lo otro.
5- Amigos, de cualquier cosa uno se puede reír, sólo hay que hacerlo con respeto y sin discriminar ni humillar para ser buen humorista. Eso es de toda la vida, no “de estos tiempos”. Y el que lo hacía antes era catalogado como humorista malo y lo seguían gente como él nada más. Y los que ahora rechazan y “luchan” contra los humoristas “antiguos” y sus formas de hacer humor, son simplemente dictadores y tiranos que les encanta censurar, reprimir, porque sólo quieren que uno haga el humor que hacen ellos. Son los prepotentes, soberbios, los que se creen que están por encima del Bien y el Mal y siempre tratando de imponer su ideología, que es lo que realmente les interesa. Incluso son capaces de colar en sus rutinas humorísticas minutos donde hablan en serio, como dando discursos, haciendo política o haciéndose los “más morales”. Es increíble. Hacen eso porque saben que el gran público aplaude si mencionan a un corrupto, si mencionan una necesidad social, una injusticia social, etc., más aún si lo hacen con obscenidades y vulgaridades. Pero eso no es humor, señores, si no está elaborado artísticamente. Y son censores y dictadores los de izquierda con lo del feminismo, por ejemplo, como son los de derecha cuando alguien se ríe de sus dioses, por poner otro ejemplo. Ambos bandos saltan en seguida a protestar poniéndoles un límite a la libertad de expresión. “No repriman mi libertad”, dicen en ambos sectores cuando se sienten tocados. ¡Pero la libertad del otro no existe y hay que censurarla entonces!
6-Esos dictadores del humor de estos tiempos, lo definen a su forma y odian y rechazan el humor blanco, el costumbrista, el absurdo, el lúdico, etc.. Para ellos humor es el que agrede, ataca, humilla, destruye, ofende y lo otro no es humor, o lo definen como conservador, o de cobardes, o de tontos, o es antiguo, o es el del enemigo. Hace poco una humorista que milita en ese grupito tildó a los próximos humoristas del Festival de Viña como de “inofensivos”, evidentemente con desprecio, porque "no se mojan el culo", dijo, con los temas que ella decidió son los únicos importantes. Y esos adalides del humor combativo afirman en público que ya nadie quiere consumir ese humor “de antes”. Falso. Les Luthiers, Groucho Marx, Tricicle, José Mota, Monty Phyton, Chesterton, Woody Allen, Fontanarrosa, Gómez Bolaños, Cantinflas, Jacques Tati, Jardiel Poncela, y los grandes maestros del stand up comedy, etc., etc., (no quise mencionar a ningún chileno), siguen haciendo reír y lo seguirán haciendo porque hacen humor inteligente, ingenioso, o fino, lejos del estilo de estos mediocres del humor “de moda”.
7- Vi en esos programas a colegas “antiguos” diciendo que entendieron lo que ha pasado, entendieron que Chile cambió, etc., y que por ese motivo cambiaron su repertorio para estar acorde con “los nuevos tiempos”. Por supuesto que están en su derecho a pensar como quieren y a hacer con su arte lo que deseen. Pero a mí me produjeron o lástima o rechazo. Porque eso significó que: o no creían mucho en su repertorio, o nunca entendieron los conceptos en su profesión, o eran mediocres que discriminaban, o ahora son oportunistas, o son infelices que tienen miedo. Pero en fin, me da igual. Que les vaya bien hagan lo que hagan.
8- Otro punto de la polémica que vi: el pueblo chileno en estos momentos no quiere reír por el estado de ánimo que le ha provocado el llamado “estallido social”. O sólo quiere reír de los temas candentes. Falso. Del otro lado argumentan que en estos tiempos el pueblo chileno sólo quiere reírse de temas que lo saquen de las angustias que están viviendo. Falso también. Pero ambos tienen razón. ¿Cómo puedo decir que es falso lo que dicen y a la vez que tienen razón? Porque el error radica, como ya mencioné, en decir “el pueblo”, como si cada bando supiera lo que piensa y siente el pueblo chileno. Parecen políticos descarados de todas las ideologías cuando hablan en nombre del pobre y vilipendiado pueblo. Amigos, es obvio que habrá chilenos que no desean reír en estos momentos y habrá chilenos que solamente quieren reír de los temas que los agobian. Pero también habrán chilenos que desean reír de temas alejados de la realidad actual. Todos tienen derecho. Por lo tanto, tienen que haber humoristas que hagan el humor que desea cada parte de los chilenos. Tiene que haber público para todo y humoristas para todos. Pero si coinciden en el público una parte que quiere una cosa y otra parte que quiere otra y aparece un humorista que sólo satisface a una de las dos partes, la otra tiene que respetar eso y no atacar abucheando, lanzando piedras o como sea. Eso es civilización, democracia, decencia.
9- El humor no tiene límites. Uno se puede reír de todo. El ideal es que no se humille ni se agrada a nadie, pero si un humorista lo hace para agradar a una parte del público, el resto o decide no consumirlo o decide ir por las vías legales y democráticas para evitar que siga haciéndolo. Nadie está por encima de nadie. Nadie es mejor que nadie. No se puede rechazar a alguien porque piense distinto. Esa sería la mejor campaña para que el pueblo chileno esté claro y no se deje embaucar por estos caudillos populistas del humor.
10- Para los que no me conocen: no hago humor político (salvo algunos chispazos aislados), ni hago stand up comedy, ni soy contador de chistes. Y menos hago humor vulgar, aunque uso malas palabras cuando se justifican, porque no soy beato. Por último, no soy de derecha ni de izquierda en el sentido tradicional de esa clasificación. Ni siquiera voté por este gobierno, pero tampoco me seduce la oposición. Y no por eso me siento ni fascista de izquierda o derecha, ni amarillo que no toma partido. Yo sí tomo partido, pero la calidad del humor y la libertad en el humor.
11- Y puedo estar equivocado en todo lo que expresé aquí. Pero eso no significa que acepte faltas de respeto en algún comentario.

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