Serie de Tv "Doctor Tuga"

cara21_5.jpgTercer Capítulo: LA CALIGRAFÍA.

Guión literario.-

Tuga escribió unas notas en el computador, pero no sólo se demoró por escribir con dos dedos, sino porque lo que le salía escrito en pantalla era para reírse. Por ejemplo, “Séyica” por “Yesica”. Él estaba conciente de que eso es un trastorno y tiene el nombre de disgrafía, pero no le dio importancia, ya que se lo achacó a su poquitín de apuro en escribir, para llamar urgente al próximo paciente. Y eso fue lo que hizo, prendiendo el intercomuncador.

   -¡Yésica!

   -¡Aquí, Yésica! ¡Cambio!

   -¿Cómo?

 

  -¡Sirena llamando a Tortuga! ¡Cambio!

   -¿Qué es eso?

   -Era por si querías cambiar algo.

   -No entiendo.

   -No me hagas caso, mi amor, todo esto para ponerle algo de misterio y tensión a este aburrimiento.

   -¡No me digas mi amor, te he repetido ya mil veces! ¡Aquí eres mi secretaria!

  -De acuerdo. ¿Cuál favor desea usted, Doctor Tuga?

 -Quiero que llames urgente a la paciente Bernardita Torres.

   -¡A sus órdenes! ¡Cambio!

   Tuga se pasó la mano a la cara, como para desaparecer la impaciencia y lo hizo varias veces más al escuchar por el audio: “Señorita Bernardita Mayor… ¡Vaya volando con el doctor!”

   -Hola –le dijo Tuga a la muchacha, señalándole la silla-. Yo atiendo el cuerpo y la mente, porque esto es una consulta integral, así que dime qué te sucede.

   La jovencita se revolvió un poco en el asiento y no respondió.

   -Cuéntame sin vergüenza, ¿por qué viniste a verme?... ¿No quieres hablar?... ¿No será que no puedes hablar? Mira, quizás te sea mejor escribirlo en vez de hablarlo. Así que escríbelo aquí...

   Tuga sacó bien despacio de su escritorio un talonario de órdenes de exámenes en blanco y se lo puso delante, junto a un bolígrafo.

   -Vamos, Bernardita, anota ahí por qué viniste a verme, o qué te sientes.

   La joven escribió una línea y empujó el talonario hacia el Doctor Tuga. En el papel estaba escrito lo siguiente: “M100to psimo d la kbza Ke Ago”. Tuga la miró con extrañeza y leyó como pudo:

   -“Meciento pesimo de la kabeza ke ago”… Oiga, jovencita, no es fácil leer lo que pusiste. ¿Por qué no escribes cómo se debe? -le dijo, devolviéndole el recetario a la chica.

   Bernardita volvió a escribir sobre el papel. Al terminar casi lanzó el talonario hacia el Doctor Tuga, que tuvo que frenarlo en el borde de la mesa para que no cayera al suelo. El Doctor leyó lo siguiente: “i vos, doc? ¿Kién entiend los garabatos ke escrib en las rctas?” (o sea: “¿Y Ud., doctor? ¿Quién entiende los garabatos que escribe en las recetas?”).

   Tuga cerró los ojos y suspiró. Puso ambas manos lentamente sobre el escritorio y apoyándose en ellas se irguió un poco, mirándola fijamente.

   -¡Sevameiendoramismodaquí! –gritó con mala dicción.

   La jovencita se levantó, lo miró con frescura y le hizo una mueca consistente en arrugar toda la cara, abriendo un poco la boca para mostar algo los dientes superiores, retirar lo más que pudo el labio inferior y la mandibula, oscilando la cabeza con movimientos rápidos.

 

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