Todo lo que he podido averiguar sobre el chiste

cara71_112.jpgSegún un estudio realizado por la Universidad inglesa de Wolverhampton en el 2008, el chiste más antiguo del mundo data del 1900 a.C.. Procede de un proverbio de los sumerios, artífices de la primera civilización del mundo (actual sur de Irak).

Estos son los diez chistes que dicha Universidad estableció como los más antiguos de la historia:

1- 1900 a.C.: Algo que no ocurre desde tiempos inmemoriales: Una joven mujer que no se haya tirado un pedo en el regazo de su esposo.

2- 1600 a.C.: ¿Cómo entretienes a un faraón aburrido? Haces navegar sobre el Nilo una barca cargada de mujeres jóvenes vestidas sólo con redes de pesca y le pides al faraón que vaya a atrapar un pescado. (Este chiste apareció en el llamado "Papiro de Westcar", un texto egipcio escrito en tiempos de los hicsos, entre 1650 a.C. y 1540 a.C., que reúne cuentos mágicos y se guarda, desde 1866, en el Museo Egipcio de Berlín).

3- 1200 a. C.: Tres vaqueros de Adab estaban sedientos. Uno era dueño de un toro, otro de una vaca y otro de una carreta. El dueño del toro no quiso ir a buscar agua porque temía que un león se comiese a su toro. El dueño de la vaca tampoco quiso ir porque temía que su animal se perdiese en el desierto. El dueño de la carreta no quiso ir porque temía que le robasen su cargamento. Así los tres juntos se pusieron en camino a buscar agua. Durante la búsqueda, la vaca quedó preñada del toro y cuando nació un ternero, este se comió toda la carga de la carreta. ¿Quién es el dueño del ternero?

4- 1100 a. C.: Una mujer que es ciega de un ojo, ya tiene 20 años de casada. Un día su esposo dice: “Me divorcio, estás ciega de un ojo”. Ella responde: “¿Y eso lo descubres después de veinte años de matrimonio?.

5- 800 a.C.: Odiseo explica al cíclope que su nombre es “Nadie”. Cuando ordena a sus hombres atacar al cíclope, el gigante de un solo ojo grita: “¡Socorro, Nadie me ataca!.

6- 429 a.C.: Pregunta: ¿qué animal camina sobre cuatro patas en la mañana, en dos a medio día y en la tarde camina en tres patas? Respuesta: el hombre. Como crío gatea en sus cuatro extremidades, como hombre camina en sus dos pies y como abuelo anda con bastón.

7- Entre el 304 y el 30 a.C.: Un hombre es aún más ansioso de tener sexo que un burro. Su único obstáculo es la billetera.

8- Entre el 63 a.C. y el 29 d.C.: El emperador Augusto estaba viajando por su Imperio, cuando se encontró con un hombre que se parecía mucho a él. Impresionado le preguntó: “¿Quizás tu madre trabajaba de sirviente en el palacio?”. “No, su majestad,” respondió éste, “pero quizás mi padre”.

9- Siglos IV o V: Un comerciante que tiene fama de ser muy tacaño, quiso adiestrar a su burro para que no comiera. Al morirse el animal, el hombre comentó: “Qué pérdida, justo cuando había aprendido a no comer, se me muere.

10- Siglos IV o V: Un peluquero pregunta a un rey: “¿Cómo quiere que le corto su cabello?” Este le contesta: “Callado”.
 

Tendremos que creerle a esa investigación, pero entre usted y yo, ¡en general, los chistes son malos! Pero no podemos calificar eso “oficialmente”, porque es muy subjetivo, ya que es cuestión de gustos y de distintos sentidos del humor, ¿no?

Seguimos en la Historia. De la Antigua Grecia, se conserva una obra conocida como Philogelos, que cuenta con cerca de 260 chistes de la época. ¿Qué me dice? ¡Me encantaría leerlos! Ahora, ¿nos gustarán? Vuelvo al asunto de la subjetividad.

Mire esto, el investigador británico Richard Wiseman de la Universidad de Hertfordshire, intentó estudiar esta subjetividad y concluyó que existen diversos factores que nos causan gracia, aunque todo es relativo.

En el año 2002, Wiseman en su trabajo incluyó la difícil búsqueda del chiste más divertido del mundo. Para ello, pidió a nada menos que a un millón de personas que votaran por su chiste predilecto, dando como resultado un ganador indiscutido. Con usted entonces, el supuesto mejor chiste del mundo:

Dos cazadores están en el bosque y uno de ellos colapsa. No parece respirar y tiene los ojos vidriosos. El otro cazador, preocupado, saca su teléfono y llama al número de emergencia. “Mi amigo está muerto” ¿Qué puedo hacer?”, pregunta de forma histérica. La operadora le contesta: “Cálmese. Yo le ayudo. Primero tenemos que asegurarnos de que su amigo está realmente muerto”. Acto seguido, se hace un silencio y después se oye un disparo. El cazador regresa al teléfono. “Vale, ¿Y ahora qué?

Sin dudas, es muy gracioso. Sobre todo para mí, que me encanta el humor negro. Pero les confieso que jamás hubiera votado por él como el mejor del mundo en esa encuesta. Ni por ninguno con exactitud. Es que, repito, todo es cuestión de gustos y dependiendo de la formación cultural y del desarrollo del sentido del humor de cada persona.

Pero continué buscando información sobre el chiste y encontré esta curiosidad: según una investigación -tan seria como la que más-, los estadounidenses prefieren los chistes directos y agresivos, mientras que los británicos poseen un humor más oscuro y absurdo. ¿Tiene que ver el nivel cultural? No sé. Se supone que todo esto es en base a un promedio. Me imagino que no todos los estadounidenses viven en casas móviles y llegan del trabajo directo a abrir una cerveza y ponerse a ver televisión, ni los ingleses que votaron a favor del Brexit son Hooligans, o van del trabajo al pub por sus jarras de cerveza. Nada, que estas investigaciones no me convencen mucho.

En un estudio reciente, se registró la actividad cerebral a una serie de personas a las que se les leyeron treinta chistes. Los individuos seleccionados para el estudio (mientras estaba siendo escaneado su cerebro) apretaban un botón cada vez que encontraban gracioso u ocurrente uno de los chistes. Cada tipo de chiste, bueno o malo, gracioso o no, activó varias áreas del cerebro, según la información sensorial a procesar, su significado o las características del chiste. Pero lo interesante fue que hubo una convergencia en la activación de un área del cerebro que fue común a todos los chistes buenos o graciosos, cosa que no ocurrió en el caso de los chistes malos, independientemente del tipo de chiste y la manera de contarlos. Esta área fue la corteza prefrontal ventral medial. Es más, el grado de activación de esta área del cerebro durante el disfrute del chiste se correlacionó bastante bien con el grado o clasificación de “gracia u ocurrencia” que mostró el sujeto durante el escáner o tras terminar éste y leer él mismo los chistes. Lo interesante es que esta área prefrontal es parte importante de los sistemas del “cerebro emocional”, aquellos que se activan cada vez que una persona experimenta una sensación de placer. Otra razón más para afirmar que no todos podremos reaccionar iguales ante un chiste, ¿no es cierto?

“No hay un solo chiste que le agrade a todo el mundo. El humor es idiosincrásico porque depende de aquello que hace que todos seamos únicos: cómo nos enfrentamos a la discrepancia que reina en nuestro complejo cerebro”, asegura Weems, neurocientífico de la Universidad de California.

En 1986, después de la explosión del transbordador espacial Challenger con siete tripulantes a bordo, se hizo muy popular un chiste: “¿Qué significan las siglas NASA? “Necesitamos Ahora Siete Astronautas”. Un estudio mostró que los chistes sobre la tragedia surgieron unos 17 días después del accidente. El autor del estudio, Bill Ellis, de la Universidad del Estado de Pensilvania, clasificó los chistes sobre el Challenger por fecha y lugar de aparición. También estudió otros. Los surgidos después de la muerte de la princesa Diana de Gales, los cuales tuvieron un periodo de latencia más corto. Y el de los ataques terroristas del 11-S, que comenzaron a hacerse públicos en un tiempo mucho más largo.

Pero hay más. ¡Sorpréndase! Otra investigación del ya mencionado Weisman dio como resultado lo siguiente: Los chistes más divertidos tenían un promedio de 103 letras (no sé cómo logró medir eso). El animal más gracioso era el pato (no conseguí saber las razones). La hora que más risa da del día es a las 18:03 (difícil también saber eso, ¿eh?). Y el día más chistoso del mes es el 15 (¿se imagina a la gente guardando sus gracias durante un mes para hacerlas ese día?). En fin, yo no hubiera votado por ese día ni por ninguno. Nunca he contado las letras de mi chistes, ni la hora en que los creo o los cuento, pero tenemos que aceptar lo que opina la mayoría, ¿no?

 

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