Vestigios #12

sala2.jpgYo he estado en situaciones límites varias veces en mi vida, tanto en peligros de accidentes, como en acciones riesgosas, como padeciendo enfermedades gravísimas; sin embargo la muerte nunca me había asustado.

Pero en el año 2013 sucedió. Me vi muerto y se me estrujó el pecho.

Es que en el conocido Colegio Santa María de Maipú de Santiago de Chile, me brindaron un homenaje, bautizando una de sus Sala con mi nombre.

Ya eso me lo sentí, porque homenajes como ese sólo se les dan a creadores fallecidos.

Para subrayar lo anterior, otras Salas vecinas estaban bautizadas con los nombres de Neruda, Mistral, y otros, todos ellos difuntos.

Pero había más. Develaron una placa con mi nombre y encima mi foto. Para colmo, una foto donde parezco del siglo XVIII.

La imagen de esa placa y esa foto ratificaba mi muerte sin dudas. Me vi muerto, repito. Y sentí miedo. Después pasé a la fase de tristeza, más tarde a la de resignación y por último a la de agradecimiento, porque es mejor ese homenaje en vivo –aunque parezca un muerto-, que muerto y “viva en los corazones de mis lectores”.

En serio, fue una velada extraordinaria, muy emotiva. Donde la dirección, el profesorado y todos los alumnos me mimaron y me dieron muchas muestras de cariño y admiración, porque habían leído varios de mis libros. Alumnos que cantaron y recrearon ese día varias escenas de mis historias.

Y como guinda de la torta, estuvo presente mi familia.

Gracias a los responsables de regalarme esos momentos maravillosos.

 

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