Me han preguntado varios interesados en el tema sobre qué pienso yo de los límites del humor, concepto tan de moda últimamente.
Pues les respondo que a pesar de no tener la verdad, ni de estar seguro de nada, ya que es un terreno muy subjetivo, en mi opinión el humor no tiene límites, son las personas las que tienen límites.
El que crea humor tiene un límite o no lo tiene y el que consume ese humor tiene otro límite distinto, o tiene el mismo del humorista, o no tiene ningún límite.
Por lo tanto, mi consejo a los humoristas es que no se limiten para crear, no se preocupen de qué dirán o pensarán los consumidores (el público). Uno puede hacer humor sobre cualquier tema, sobre cualquier cosa en la vida y no se puede vivir con censuras, con lo políticamente correcto como espada de Damocles. Hay que olvidarse de tantas normas, reglas y dogmas que cada días nos agobian más.
Estados Unidos y Europa son los que, principalmente, hacen experimentos y estudios sobre el humor y la risa. Obvio, son los que pueden tener dinero para gastarlos en estas tonterías que me encantan. Espero que con la crisis económica ad portas, no borren de sus presupuestos el apoyo a las artes y a las ciencias, que son los primeros en afectarse en estos casos, porque “no son productos tan productos como otros productos”.
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