Pelayaserías - El blog de Pepe Pelayo
Concierto lector
Libros de Pepe Pelayo

Paseo por la ciudad de Tel Aviv.

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Un domingo de paseo por Tel Aviv, ciudad de más de 3,000 años. Por el centro, por la ciudad vieja, por la playa, rascacielos y el camino de entrada viniendo por Jerusalem (fuimos en bus para verlo todo cómodamente). Mezcla de culturas. Por ejemplo, la torre del reloj que aparece a mis espaldas en una foto, es otomana, pero en otras fotos verán mezquitas, sinagogas e iglesias. Lindos parques y avenidas llenas de restaurantes y cafeterías. Muchas pastelerías para mi sufrimiento, porque me lo comería todo. Requetemuchísimo calor para caminar, pero hubo que hacerlo para aprovechar el día. Impresionante -como en Jerusalem-, lo cosmopolita que es y la enorme cantidad de turistas. Artesanías, antigüedades y disfruté con limonadas, helados y granizados. ¿Qué más se puede pedir?

Sobre el nacionalismo.

cara71_100.jpgEl otro día mi amigo Pedraza Ginori mencionó, a raíz de mi largo viaje actual, la frase adjudicada a Pío Baroja: “El nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando”.

Yo le agregaría: “y para el que esté imposibilitado de viajar, la cura está en leer libros y asimilarlos”.

Pero me quedé enganchado en el tema. Es que todos los colores ideológicos usan el nacionalismo para llegar al poder y mantenerse en él. Así que me zambullí en el tema y encontré esta frases de Albert Einstein (1879-1955): “El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad”. Frase bastante similar a la de Pío Baroja (1872-1956). Como se fijarán, ambos nacieron y murieron en años muy parecidos ¿Quién le copió a quién? ¿Fue coincidencia? Da igual.

También encontré esta otra de Johann W. Goethe (1749-1832): “El orgullo más barato es el orgullo nacional, que delata en quien lo siente la ausencia de cualidades individuales de las que pudiera enorgullecerse”.

Último día en Singapur

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Después de dos meses (que se fueron en un abrir y cerrar de párpados con pestañas naturales), donde intercalamos escapadas de tres días a Batam en Indonesia y de cinco días a Sri Lanka por regalo de nuestros anfitriones, con mezcla de tristeza y alegría pasamos las horas finales en ese país. Tristeza por dejar a Camilito, Sherry y a los dos peques Arieh y Eli. Y alegría, porque iríamos a ahora a la casa de Sebastián e Isi y su hija Adina en Jerusalem, a pasarnos otro mes lejos de la lluvia y el frío de nuestra querida Santiago.

Mi viaje a Sri Lanka. Capítulo 9. (Final).

galle5.jpgLa última etapa de nuestro extenso recorrido a la Isla la hicimos en la costa. Transitamos por una parte del litoral, con playas muy lindas y de pasada (porque no había como detenerse) pudimos ver a los famosos pescadores zancudos de este país. Ellos clavan largos y fuertes postes dentro del mar, en los corales, en las playas y se suben con sus varas, carnadas, anzuelos, o arpones, hasta lo más alto de esos palos, que tienen un saliente perpendicular, sostenido por otro a 45 grados (a modo de los zancos) y ahí se “sientan” y se ponen a pescar tranquilamente, como en un acto de magia. No nos dio tiempo a fotografiarlos, pero en Internet lo pueden ver.

Mi viaje a Sri Lanka. Capítulo 8.

safa33.jpgVolviendo al calor, llegamos a lago Uda Walawe y sus alrededores, donde existen unos cuantos parques nacionales de conservación de la naturaleza, que unidos cubren como el 10% de la Isla.

Nuestro hotel para comer y pasar la noche estaba situado en medio de un bosque. Al acostarnos y al despertarnos escuchábamos cientos de sonidos de diferentes animales. Alucinante quedarse dormido así.
Nos vinieron a buscar a las 6 de la mañana, más o menos, y sin desayunar nos fuimos a un campamento situado entre un monte-bosque, una laguna y un cañaveral. Varias tiendas de campaña con cama y baño. Dejamos el equipaje y nos subimos al típico jeep de safari y nos dirigimos al primer parque nacional. Se recorre todo por caminos estrechos de tierra en el que apenas caben dos jeep. Había que hacer silencio para que no asustáramos a los animales y el guía pudiera localizarlos para mostrárnoslo. Al principio no aparecía nada, sólo montes o bosques a ambos lados. Apenas “visualizamos” varias aves hermosas, coloridas, que nunca habíamos visto, y eso sí, muchísimos pavos reales.

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