¡Cuidado! ¡Un fantasma recorre el mundo!

cara71_37.jpgA propósito del Día Mundial de la Sonrisa... Se conoce ya el gran número de personas en el Planeta afectadas por la catagelofobia; que no es más que miedo a la alegría, pánico a la risa. Sin embargo, lo que provoca más temor es el aumento exponencial de los agelastos, que son esas personas siempre graves, hiperserias, pero no por enfermedad, sino por convicción.

Una vez, con mi amigo y colega Aramís Quintero, impartimos un taller de Humorterapia. Para ilustrar los distintos tipos de sentidos del humor, presentamos un sketch muy cómico, probado en otros escenarios. Aramís hacía de un animador de televisión que invitaba a su programa a un señor (que hacía yo) muy infeliz a debutar cantando y durante la entrevista no lo dejaba hablar, ni siquiera lo dejó cantar al final. Pues bien, varios asistentes al taller, aún sabiendo que era un curso sobre humor, aún sabiendo que era un sketch humorístico, no se rieron porque les daba lástima “el pobre señor que no lo dejaban hacer nada”. Y odiaron al animador, claro. En resumen, que jamás se entregaron lúdicamente a aquello, que actuaron ahí como hacen en sus vidas: tomando la vida siempre con gravedad, con hiperseriedad.

En otra ocasión nos encontramos con una señora que nunca reía en el taller y ni siquiera entendía los objetivos de los ejercicios, los juegos, las dinámicas de grupo, etc. Al preguntarle en un aparte, nos contó que estaba ahí para acompañar a su esposo, pero ella no le encontraba sentido a nada. Después nos confesó que en su vida había reído ni jugado. ¡Ni siquiera de niña! Porque su padre era muy estricto, muy severo, muy “serio” y le prohibía reír, jugar y divertirse porque “eso eran cosas superficiales y porque la risa abunda en boca de tontos”.
Amigos, pero ya no se trata solo de casos aislados como esos ejemplos. En estos tiempos, estamos siendo testigos del avance de un virus peligroso que tiende a dejarnos a todos hiperserios, tontos graves. Me refiero a la tiranía de lo políticamente correcto.
Se sancionan chistes, se censura el humor, se prohíben las risas, solo porque unas pocas personas escandalosas, violentas y con cierto poder dictan cátedras de “moralidad”, de “principios”, de “ética”, de qué es “Bueno” y qué “Malo”.
Así que, por favor, tengan cuidado y no se contaminen. No quiero que se conviertan en catagelobóbicos ni en agelastos. Cuidemos al humor, que es cuidar al ser humano.
Esperemos que se una moda y no que nuestra sociedad esté ya disfuncional.

 

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