Relación Les Luthiers- Seña del Humor (mi grupo)

1529359976_761633_1529360067_noticia_normal.jpgRecuerdo que un día, estando nosotros de visita en el Teatro Karl Marx en La Habana, para “relacionarnos” con Virulo y el Conjunto Nacional de Espectáculo”, la gran humorista, nuestra querida Zulema Cruz, nos invitó a Aramís, a Moisés y a mí a casa de un amigo de ella, que después se hizo muy amigo nuestro (le llamaban “El Muppets” por su parecido a esos títeres) y allí él nos puso un cassette de audio muy usado, con la cinta pegada en varias partes, en una reproductora bastante vieja, por lo que se escuchaba pésimo. Pero así y todo podemos decir “oficialmente” que esa noche conocimos por primera vez a Les Luthiers (esto fue en 1984).

Nos quedamos fríos, de una pieza. Por dos razones, estábamos ante unos monstruos del humor y nos costaba creer que aquello fuera real. Pero también nos dolía que el tipo de humor que La Seña hacía (o quería hacer) ya contara con clásicos del género y que estuviéramos tan ignorantes de lo que sucedía en el mundo. También pensamos que ahora no seríamos originales, porque un reconocidísimo grupo argentino desde hacía años practicaba el humor que hacíamos. ¿Quién se iba a creer que no conocíamos a Les Luthiers y que no les plagiamos su estilo? Obvio, era más fácil afirmar que les copiamos. Aún así, al final decidimos continuar en la misma línea, también por dos razones: no nos íbamos a sentir mal porque nos comparasen con los mejores y por otra parte, considerábamos ese tipo de humor como lo máximo y el único que realmente nos inspiraba.
Aclaración: me refiero al tipo de humor. Porque en nada más nos podían comparar con Les Luthiers. Nosotros éramos unos aficionados aprendiendo el oficio y ellos unos consagrados y geniales maestros en esta profesión.
Pues pasó un tiempo y de pronto Les Luthiers visita Cuba y Virulo nos invitó a la Sala Atril, donde se hacían las Peñas del humor en el Teatro Karl Marx, para un homenaje que les haría el Conjunto Nacional de Espectáculos a esos grandes humoristas argentinos. Esa noche, después de la función de ellos (a la que también fuimos invitados), se reunieron más de cien personas (casi cien personalidades y los colados de siempre) en aquella Sala Atril. Recuerdo que Les Luthiers hizo varios números y tenerlos ahí, actuando a unos metros, fue muy emocionante. Y así, en medio del cóctel, se nos acercó Virulo para decirnos que subiéramos al escenario e hiciéramos algo. ¡Por pocos nos infartamos! Era tanto el miedo, que decidimos probar con una nota dirigida a Les Luthiers, escrita e improvisada por nosotros ahí mismo, y leída públicamente por el actor chileno Jorge Guerra. Decidimos que si veíamos a los argentinos reír con la lectura de la nota, actuaríamos, de lo contrario nos negaríamos irrevocablemente. Cuando las carcajadas de los presentes, incluidas las de ellos, resonó en el salón, no tuvimos más remedio que subir a escena. Escogimos uno de los números más representativos de nuestro repertorio: El Coro de Cámaras. Yo me sentía en las nubes por la emoción. Tanto, que nunca me di cuenta de si la gente reía o no, si aplaudía o no. Sólo sé que cuando nos tocó bajar del escenario nos esperaban Daniel, Ernesto y Marcos ¡tres de ellos! recibiéndonos con abrazos y felicitaciones. No tengo ningún problema en confesar que en ese momento se me hizo un nudo en la garganta. Por supuesto, pienso que no nos felicitaban por la calidad en la puesta en escena que vieron. Creo que lo hacían por el tipo de humor, el cual estaba exactamente en la misma frecuencia que el de ellos. Y encontrarse un grupo de jóvenes así en Cuba, más aún de provincia, los impactó, algo que después mi amigo y miembro de ese grupo, Daniel Rabinovich, me comentó al recordar el incidente.
Por último, debo señalar que al irme a vivir a Chile tuve la oportunidad de contactar con ellos después de sus presentaciones en Santiago y fui testigo de que varios (con los que hablé) se acordaban perfectamente de La Seña y recordaban aquella noche.
De ahí surgió mi amistad personal con el fallecido Daniel Rabinovich, que aún hasta el día de hoy me llena de orgullo. Y siempre que mencionábamos a La Seña del Humor, me repetía “¡qué buen humor hacían!”.
No sé para los demás, pero para mí es un honor ver a la distancia todo esto que acabo de recordar.
(En la primera foto el grupo argentino y en la otra Daniel y yo en mi casa).
 

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