Un humorista en escena, o a través de una caricatura, hace una gracia sobre la corrupción que se le descubrió a un determinado político y enseguida la gente capta el chiste, ríe y hasta aplaude.
Sucede también cuando el humorista (escénico, gráfico, etc.) hace una gracia sobre el sexo. La gente ríe de inmediato. Y más si lo hace con obscenidades, vulgaridades, groserías. Éxito seguro.
Hace mucho tiempo, una persona (no recuerdo su sexo) convencida de que sabía de formas, colores, texturas, combinaciones, etc., decidió trabajar con telas. Por supuesto, pensó en vestidos de mujeres porque ahí necesitaría más “tela por donde cortar”.
Y diseñó su primer vestido. Estaba feliz.
Pero cuando se lo puso de prueba a una mujer de su familia, aquello no lucía bien. No era igual la caída de la tela en la percha (perchero o gancho).
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