“La potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar”.
Friedrich Nietzsche (1844-1900)
Posiblemente escribir amena e interesantemente sobre recuerdos vitales de uno mismo es una de las tareas más complejas de la literatura. Cuando se logra el resultado es extraordinario e invita a leerlo con atención; sin duda es el caso de Pepe Pelayo y su recientemente reeditado “Metahumorfosis. Vivencias y reflexiones de un humorista". (1)
Cuando una obra vuelve al ruedo a las claras nos habla de su éxito y de su vigencia.
El eje es la trayectoria propia engarzada con la de los contemporáneos y otras vicisitudes de la época, sumándose así lo testimonial a ampliación del contexto que se suma con real valor y detalla el paisaje social, cultural y político de la época.
El índice que transcribimos al final aporta tanto la planificación general del recorrido como de muchos detalles relevantes.
Cada autobiografía es única pues refleja a un ser humano en particular irrepetible, en un momento dado donde inciden valores y opciones actuales como recuerdos atinentes a una vida determinada. Aquí es fácil incluir también los saltos en el relato, por los motivos que sean.
Su estilo personal de escritura, a veces, valiosamente nos remite a los lectores a imaginarnos estar frente al autor, vis a vis, como si extendiéramos la mano podríamos estrechar la suya y agradecerle personalmente por su encomiable labor, aprovechando la ocasión para subrayar también su extensa labor didáctica de difusión.
Sus retruécanos están inteligentemente pergeñados.
En definitiva, esta obra del prolífico Pepe Pelayo vale la pena leerla también por las numerosas y atinadas opiniones fundadas como precisas sobre el Humor y el riquísimo debate que profundiza su conocimiento y de la vida en sí misma.