Textos en serio

Sobre el concepto "enjuiciar"

aenjuicio.jpeg“No me enjuicies”. Traducción simultánea: "júzgame, pero a mi favor".

“No me enjuicies”… La frase suena elevada, casi zen. Pero en la práctica suele significar algo más terrenal: "no me condenes, no me reduzcas a tu versión de mí".

Porque enjuiciar, en la vida cotidiana, es inevitable. Evaluamos todo el tiempo: personas, conductas, decisiones. Y sin decisiones uno termina solo opinando en redes, que es peor. Sin enjuiciar no podríamos elegir ni protegernos. El problema no es el juicio; es lo que hacemos con él.

Todos enjuiciamos. Todo el tiempo. El que te pide que no lo hagas ya te evaluó antes de abrir la boca. Lo que molesta no es el juicio, sino el veredicto adverso, insisto.

Lo sé también por oficio. Como humorista me han explicado —con una seguridad conmovedora— que el humor “de verdad” tiene que embarrarse: criticar, incomodar, ofender. Que si no “mojo el culo”, lo mío es superficial, liviano, casi sospechoso.

Es decir: hay un humor valiente (el que ellos practican o admiran) y otro menor (el mío, casualmente).

Día Internacional de la Broma

abroma.jpegEl nacimiento del Día Internacional de las Bromas se asocia principalmente con el cambio de calendario en Europa durante el siglo XVI. Historiadores indican que, en 1582, el papa Gregorio XIII instauró el calendario gregoriano, desplazando el inicio del año del 1 de abril al 1 de enero. En aquella época, quienes continuaron celebrando el año nuevo en abril fueron objeto de burlas por parte del resto de la población. Este episodio habría dado inicio a la costumbre de realizar bromas el primer día de abril. Otros países como España y muchos de Latinoamérica, celebran el Día de los Inocentes, el 28 de diciembre.

Pero da igual, insisto, porque todos los días somos víctimas, aunque sea, de una broma y una noticia falsa. Ya el mundo ha cambiado. Solo los niños (y no todos) y algunos adultos somos tan inocentes que creemos que debemos reírnos todos los días para salir del hoyo negro en que nos han metido los agelastos que dominan el Planeta.

¿Oscurantismo universal?

auniv.jpgEn una fresca mañana, sobre un césped recién cortado, un grupo de jovencitos tomaban algo del débil sol y conversaban y debatían sobre lo beneficioso o perjudicial del sistema monárquico versus la democracia.

De repente, se pone de pie un estudiante de primer año de medicina y dice “amigos, me debo ir, porque tengo que asistir a una clase de historia del arte”.

Otro estudiante, pero de segundo año de ingeniería, se toma la cabeza e incorporándose, dice: “se me había olvidado. Yo también debo marcharme. No me quiero perder una clase sobre teleología y estudio del ser de Aristóteles”…

Lo anterior puede que haya sucedido en una universidad medieval, en un momento de los siglos XII o XIII en Bolonia, en París o en Oxford. Cuando “Universitas” significaba realmente “totalidad del saber”. Es decir, cuando en las universidades se buscaban formar personas cultas, con visión integral del mundo, capaces de pensar críticamente con bases filosóficas, éticas, científicas y artísticas.

Pero un día comenzaron a involucionar esos altos centros docentes. Sí, y hasta podría enumerar cuatro momentos nítidamente regresivos...

¿Qué es ser culto?

aserculto.jpg¿Por saber quién escribió el Quijote o Hamlet soy culto? ¿Por aprenderme las capitales de mucho países soy culto? ¿Por recitar de memoria un poema de John Keats soy culto? ¿Por hablar varios idiomas soy culto? ¿Por recibirme de Licenciado o sacar un Doctorado soy culto? ¿Por dedicarme a la actuación, a la música, la danza, o al cine soy culto?

No.

 

Una persona culta no es solo aquella que tiene instrucción y conocimiento. Es un ser humano con sabiduría, que ha desarrollado la curiosidad constante por el mundo y que además posee cualidades como la tolerancia, la honestidad, el respeto y posee altos niveles de moral y ética. No se trata solo de acumular información, sino de tener la capacidad de entenderla, relacionarla y aplicarla a todo en la vida, de manera humilde y sin prejuicios. 

Ser culto es el único modo de ser libre, decía José Martí.

Hoy son las elecciones presidenciales en Chile

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Hoy son las elecciones presidenciales en Chile. Ya voté. Me encanta votar libremente.

Ojo. No deseo convertir mi muro en una trinchera política-ideológica, así que no diré por quién voté (los que me conocen bien lo intuirán). Lo importante es que no quiero convencer a nadie por quién votar. A estas alturas espero que todos estén convencidos de su voto. Y no quiero convertir este espacio, repito, en un debate odioso, porque en estos tiempos es tal la polarización, el fanatismo y la estupidez, que los intercambios de argumentos se manchan de ataques, faltas de respeto, ofensas personales, amenazas y más encima todo aliñado con obscenidades y groserías.

Por tal motivo, solo me interesa hacer una breve reflexión.

Si una persona está convencida de que el candidato A tiene un programa de gobierno que le hace bien al país y el candidato B no le convence. Pues que vote por A, sea cual sea su ideología. Eso sí, debe saber bien, insisto, lo que propone ese candidato. Pero no solo eso, también debe estar seguro de que ese candidato no cambiará sus propuestas cuando esté en el poder. Estudiado y meditado todo lo anterior, incluyendo la trayectoria del candidato y sus acólitos, que vote. Con ese gesto civilizado apoya la democracia.

Es válido, es legal, que vote blanco o nulo.  No me convence esa posición, pero hay que aceptarla.

Pero lo que sí me molesta, son las personas que no entienden realmente por qué ni por quién votan... y lo hacen:

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