Últimamente he escuchado y leído a algunos comediantes definiendo, convencidos, el concepto “humor negro”. Pero de forma parcializada, según mi opinión.
Pues resulta que existe otra manera de verlo. Para muchos el humor negro es y sigue siendo “el humor que provoca risa o sonrisa, en base a una aparente insensibilidad del humor y del humorista, en vez de causar lástima, ternura o compasión”. Es decir, implica una crueldad. Pero no confundir con humor dañino. El humor negro, bien intencionado, sirve para desdramatizar la vida, e incluso puede ser sanador. A mí me encanta. Siempre pongo el ejemplo de los chistes que me hacen sobre el cáncer.

Agosto, para mí, es un mes importante en el universo del humor. Han nacido y fallecido muy buenos humoristas que no mencionaré en su totalidad (ver "Efemérides en el Boletín Humor Sapiens), para no hacer muy largas estas líneas, como Robin Williams, Olmedo, Gene Wilder, Eca de Queirós, etc., etc.. Sin embargo, por lo que han significado en mi formación humorística, debo recordar aquí a:
Repito lo que señalé en la Primera Parte: compartiré aquí algunos ejemplos de lo que hago yo en mis Conciertos lectores y demás encuentros con niños y niñas, con el objetivo de motivar a leer a través del humor.
Citaré un libro en cada caso y señalaré de qué se trata, para que quede claro por qué escojo esa actividad de animación lectora.
La experiencia me dice que siempre hay que realizar una actividad que le produzca risa, o sea, placer en general, antes, durante o después de la lectura. Por supuesto, me refiero a niños y niñas sin hábito lector, porque si ya leen nada de esto tiene razón de ser.
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