Me refiero en esta reflexión a los tradiciones chistes orales, escritos, que cuentan una breve historia o situación.
Comencemos a descubrir ciertas teorías entonces. Por ejemplo, algunas mentes brillantes han intentado desentrañar el enigma de quién inventa los chistes populares, anónimos, como es el caso del escritor ruso de ciencia ficción Isaac Asimov, quien en el cuento “El chistoso” atribuye la autoría de estas bromas a una potencia extraterrestre.
Otra tesis la propuso la revista humorística española “El Jueves” , sugiriendo que los inventaba una sociedad secreta.
El mencionado ya Sigmund Freud, dijo al respecto: “se los inventa la gente”, así de sencillo y sorprendente, ya que uno esperaba una genialidad más complicada de ese señor.
Si usted tiene la intención de convertirse en un “inventor” de chistes (para ser contados de forma oral o escrita, aunque puede extenderse a las otras ramas artísticas), ya sea aficionado o profesional, el primer consejo que le doy es básico, fundamental: ¡consuma muchos chistes! Es decir, lea lo más que pueda libros de chistes, o pase horas y horas en Internet buscándolos y disfrutándolos. Mire o escuche hasta el cansancio a los chistosos profesionales en discos, radio y televisión, y también en videos en Internet, como dije.
Escoja los chistes que más le hacen reír y analícelos. Estudie por qué y cómo funcionan.
También observe todo a su alrededor. Deje abierto ese “botón” o “perillita” que hace que uno perciba enseguida, dónde surge el humor en la vida cotidiana. No es fácil, pero se practica y uno logra convertirse en experto o casi, si le pone empeño.
Páginas