¿Oscurantismo universal?
En una fresca mañana, sobre un césped recién cortado, un grupo de jovencitos tomaban algo del débil sol y conversaban y debatían sobre lo beneficioso o perjudicial del sistema monárquico versus la democracia.
De repente, se pone de pie un estudiante de primer año de medicina y dice “amigos, me debo ir, porque tengo que asistir a una clase de historia del arte”.
Otro estudiante, pero de segundo año de ingeniería, se toma la cabeza e incorporándose, dice: “se me había olvidado. Yo también debo marcharme. No me quiero perder una clase sobre teleología y estudio del ser de Aristóteles”…
Lo anterior puede que haya sucedido en una universidad medieval, en un momento de los siglos XII o XIII en Bolonia, en París o en Oxford. Cuando “Universitas” significaba realmente “totalidad del saber”. Es decir, cuando en las universidades se buscaban formar personas cultas, con visión integral del mundo, capaces de pensar críticamente con bases filosóficas, éticas, científicas y artísticas.
Pero un día comenzaron a involucionar esos altos centros docentes. Sí, y hasta podría enumerar cuatro momentos nítidamente regresivos...
PRIMER RETROCESO.- Con la Revolución Industrial en el siglo XIX.
Las universidades comenzaron a buscar la utilidad práctica. El ideal humanista empieza a retroceder. Aquellos templos del saber se convirtieron en fábricas de profesionales.
SEGUNDO RETROCESO.- En el siglo XX, después de la Primera Guerra Mundial.
Se fragmentó extremadamente el conocimiento. Las carreras se cerraron cada vez más en sí mismas. Los estudiantes se especializaron más, ya no recibían formación integral. Era: “Saber cada vez más sobre cada vez menos”.
TERCER RETROCESO.- Finales del siglo XX, con la mercantilización de la educación.
La universidad se veía en ese momento como inversión económica. La carrera como producto, el conocimiento como mercancía. Desaparecieron los ramos humanistas obligatorios. Todo se volvió rankings, productividad, papers, impacto, marketing.
CUARTO RETROCESO.- Inicios de este siglo XXI (sobre todo después del 2010, aproximadamente), con la ideologización de la educación.
La universidad dejó progresivamente de ser un espacio de búsqueda libre, crítica y plural del conocimiento, para transformarse en un espacio de militancia ideológica, activismo político y adoctrinamiento cultural. Se reemplazó la discusión racional, el debate argumentado, el pluralismo intelectual, por dogmas ideológicos, eslóganes militantes, moralismo político y la cultura de la cancelación. El saber se transformó en relato moral, no en búsqueda de verdad.
No afirmo que así ha sido en todas las universidades ni con todos los estudiantes. Tampoco juzgo si es bueno a malo para la sociedad “producir profesionales”, “la especialización máxima”, “la competencia y el exitismo” y “el adoctrinamiento ideológico y cultural”. Me refiero a la eliminación progresiva del concepto de universidad, la amputación del humanismo, la anulación de aquel objetivo “totalidad del saber”, la abolición de tratar de formar integralmente al estudiante.
Al reflexionar sobre todo lo anterior me invade la decepción, el miedo y la tristeza.
Sin embargo, mi alma de humorista se rebela y me obligo a soñar que un día, mi nieto, bisnieto o tataranieto… en una fresca mañana, sobre el césped recién cortado de su universidad, no se encontrará solo con botellas vacías, pequeños sobrecitos plásticos y alguna que otra pancarta con una consigna medio desteñda por el trasnochado rocío…
pepepelayo.com


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