Prólogo del libro "La Seña del Humor de Matanzas"
Este texto lo escribió nuestro Moisés Rodríguez, como prólogo de mi libro "La Seña del humor. Mi intento de entenderla".
PRÚLUGO “MEA CULPA” (léase prólogo)
(En tono hiperbólico mayor, como no podía ser de otra manera).
Pareciera decirnos Pelayo, en este nuevo libro exorcizante, las palabras resumidas de Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, y que él diría mejor: “Sabíamos muy bien lo que no queríamos hacer, pero no sabíamos exactamente a dónde queríamos llegar”.
Lo que no sabíamos era que, como Cristóbal Colón, nos enfrentábamos al descubrimiento de un “nuevo mundo” sin rumbo cierto, como si dijera el Almirante: “América está pa´llá. No, no, pa´cá… Espérate, está más allá; no pa´cá… pallá. No, no, no, pa´cá…” (Aramís Quintero).
Pero por sí o por no, de que llegó, llegó. Como La Seña del Humor que “llegó” a convertirse en un nuevo hito y derrotero para la historia del humor escénico cubano, sin proponérnoslo, porque solo nos interesaba entonces hacer reír con gracia y buen humor inteligente, haciendo desatar toda la imaginería posible de sus integrantes simpáticos e ingeniosos, encontrándose a la cabeza José “Pepe” Pelayo y Aramís Quintero, auténticos arquitectos y diseñadores del fenómeno de público de La Seña del Humor.
Realmente, y sin siquiera sospecharlo, la Seña revolucionó literalmente la escena humorística cubana, provocando un movimiento humorístico inusitado en todo el país, como quien despierta un extraño sentimiento y necesidad de reír y divertirse contagiosamente, pero a un nuevo nivel de percepción de la realidad que vivíamos, a una nueva dinámica de códigos referenciales latentes, a un nuevo lenguaje escénico renovado. En fin, una novedosa experiencia generacional en la manera de hacer humor… Y todo ello se tradujo en la eclosión y proliferación de innumerables grupos humorísticos por todo el país, con similares presupuestos de identidad grupal (y de donde salieron las principales figuras del actual panorama humorístico contemporáneo cubano).
De cómo se llegó a todo ello da cuentas lúcidas este libro ensayístico, metodológicamente impecable en su reflexión introspectiva.
Con claridad meridiana nos ofrece muchas luces en su empeño por legitimar la trascendencia evolutiva de semejante hazaña creativa de indudables aportes estéticos socio-culturales.
La clave del éxito de La Seña recaía en la relación Pelayo-Aramís, Aramís-Pelayo. Ellos fueron los que “parieron” las estrategias, dirección y guiones del grupo.
Eran asimétricos “mundos paralelos” que coexistían en el acto de creación simultánea; fueron las suyas unas relaciones simbióticas interactivas, como de partners (a la manera de Lennon-McCartney) que se complementaban mutuamente en conjunción irrepetible.
Yo viví desde dentro, como testigo de excepción, ese privilegio atónito y fascinado.
Pelayo: Pródigo humorista visceral de pura raza, hombre-humor polifacético, monstruo imaginativo creador del buen humor que compite en las grandes ligas inimaginables, pensante, lúcido y audaz en lo que a humor se refiere, no importa el lenguaje genérico de que se trate: humor escénico (teatro, TV, radio, cine), humor literario (novela, cuento, ensayo), humor gráfico (fotomontajes), humor musical, humor infantil, humor teórico (su página web Humor Sapiens y sus derivados). Un todoterreno enciclopédico multipremiado.
Aramís (le decíamos Aramitus): Dueño de la “palabra” que se mueve delirantemente de norte a sur, de este a oeste, de factura y tesitura gramatical impecable; la hacía bailar coreográficamente, exprimiéndola en un juego verbal infinito, como quien la paladea gozosamente. De múltiples alteraciones en ritmo galopante y por asociaciones fonéticas de palabras, él hace juegos conceptuales de “quiebres” insólitos que explotan en risas, de puro ingenio. Su sapiencia literaria omnipresente era técnica e inequívocamente erudita e intransferible. Multipremiado nacional e internacionalmente, de poeta incontrolable.
Valga destacar que en el proceso de ensayos y montajes se enriquecían y reescribían realmente los guiones finales, de reverberante ingenio colectivo… ¡Cómo olvidar a cada uno de sus integrantes geniales con sus aportes, gracia y sabiduría sorprendentes!
La diáspora inevitable que busca la realización personal y profesional en “tierra firme”, se encargaría finalmente de debilitar el impacto de la agrupación y… aquí comienza mi carrera en solitario, la más larga, sobre todo en la televisión a escala de gran público, que por más de 20 o 30 años sostenidos gozó de la preferencia del “respetable”. ¡Nostálgico andar de peregrino en el humor!
Para mí, La Seña significó iniciación, taller, escuela, acervo, herencia, estandarte, IDENTIDAD… Ah, se me olvidaba: y merecer el Premio Nacional de Humor… que en buena ley le corresponde a “LA SEÑA DEL HUMOR DE MATANZAS”.
Moisés Rodríguez


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