Sobre Enrique Gallud Jardiel y uno de sus últimos libros
Conocemos ciudadanos españoles tristemente célebres, como algunos descubridores del Nuevo Mundo, cuya esencia era la colonia. También los encontramos militando en la Inquisición, salvando-quemando brujas y herejes, o siendo reyes como el Rey Felón con su historial de traiciones, deslealtades, perfidia y maldad, o el Rey Cazador, implacable enemigo de elefantes. Sin contar los responsables de su famosa Guerra Civil, de la Eta y de la corrupción de los políticos actuales.
Pero España es como cualquier otra nación, que alimenta ciudadanos buenos, malos y regulares. Y contrapesando las oscuras y negativas personalidades ya mencionadas, tenemos seres humanos nobles, admirables y destacadísimos en todos los campos. Vemos brillar a deportistas, científicos, artistas, etc.
(Y ya me acerco al objetivo final de esta introducción).
Como cualquier otra nación, España también comete injusticias con sus relevantes personalidades.
Por ejemplo, conozco un excelente y notable creador -además de ser un sobresaliente y extraordinario estudioso e investigador-, que debía estar ya distinguido con varios premios, incluyendo el premio Cervantes y/o el de Princesa de Asturias.
Y esto lo afirmo totalmente en serio.
Se trata del señor Enrique Gallud Jardiel.
Sin contar su extraordinario mérito académico: es Licenciado en Filología Hispánica (Jawaharlal Nehru University, Nueva Delhi),
Máster en Filosofía (Universidad Francisco de Vitoria, Pozuelo de Alarcón. Madrid), Doctor en Filología Hispánica (Universidad Complutense de Madrid), Doctorado «Honoris Causa» (Bircham International University, Delaware). Y, por espacio, no quise copiar aquí su extenso curriculum como Profesor en varias universidades, director de investigaciones, evaluador de tesis, su participación en congresos, seminarios etcétera.
Repito, sin contar su justa y extensa valía académica, se le debe reconocer por los aportes que ha hecho, fruto de sus estudios e investigaciones de la obra de su abuelo, el gran escritor y dramaturgo Enrique Jardiel Poncela, uno de los principales íconos del humorismo en la historia de España.
Pero no solo eso -que ya es bastante-, es lo realizado por Gallud Jardiel. También están sus estudios de la cultura, el arte, la literatura, el pensamiento y la lengua hindi.
Y no se detiene ahí su historial profesional. Es actor desde pequeño, es guionista, libretista, director de teatro. Ha creado varias compañías y es dueño y dirige una exitosa en la actualidad.
Pero aunque parezca mentira, no he mencionado algo fuera de lo común: ha publicado además de centenares de artículos en diarios, revistas y medios digitales, y además de haber traducido unas cuantas obras y además de realizar antologías… ¡ha publicado, casi 400 libros! Muchísimos de ellos de humor.
Pero no de cualquier humor. El que utiliza en sus obras es el humor inteligente, de buen gusto, culto. ¿Y sobre qué escribe? Sobre historia, filosofía, literatura, cine, música, pintura, cocina, políticos, personajes célebres, épocas, países, guerras, deportes, educación, la muerte, el amor, el miedo, la televisión, la radio, las mascotas y muchos temas más. Contenidos que le dan la oportunidad de desarrollar su descomunal sentido del humor, su habilidad para la parodia, para la ironía, la sátira, el absurdo, los juegos de palabras y asociaciones de ideas, más su agudeza, su habilidad para la versificación y sobre todo, su vasta cultura.
No tengo dudas que es el mejor y más prolífico exponente del humor fino, inteligente y culterano de habla hispana en la actualidad.
¿Por qué toda esta introducción biográfica?
Porque terminé de leer anoche un libro de Gallud Jardiel, que no es el último que ha publicado (lo que indica que ando algo atrasado, ya que soy un fanático de su obra). Y me dieron ganas de reseñarlo para mis seguidores. Sin embargo, pudieron más mis deseos de hacerle justicia, por muy modesta y humilde que sea esta.
El libro que acabé de disfrutar se titula “Un liante entre los clásicos”.
Se trata de que el autor, el amigo Gallud Jardiel, se introduce en las historias de clásicos personajes como Hamlet, Robinson Crusoe, Guillermo Tell, Don Juan Tenorio, Frankenstein, Cyrano de Bergerac, Raskólnikov, Don Quijote o a los personajes de La Ilíada y El nombre de la rosa y habla con ellos, como si viviera en esas épocas, como si fuera parte de las historias. Como los personajes no lo conocen, ni saben que viene del futuro (de alguna manera), la infinidad de situaciones que se producen son increíbles.
Uno no para de reír. Incluso si no conocemos a los ficticios personajes, pero si alguna vez los leyó y sabe de sus historias reirá mucho más.
Por supuesto que recomiendo su lectura. Una vez más este querido autor me deja con ganas de haber sido yo el que escribió el libro.



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