Humor y libros

Reseña del libro "John y Deep", por Ricardo Guzmán Wolffer

portadajoyd.jpgDE TEATRO Y HUMOR

De pie, sobre la estepa horizontal y tozuda, almácigo vivo de tradición pensante, un roble preñado de acervo universal, Pepe Pelayo, erudito conocedor del humor, escribe la obra de teatro “John y Deep”, autoclasificada como historieta, donde dos personajes se dedican a divagar sobre los más diversos temas sin que se dé el conocido conflicto aristotélico teatral. Debido a la falta de trama anunciada, mientras hacen la mímica relativa a que caminan a tantos lugares como sketches desarrollan, los personajes se divierten con chistes fonéticos, chistes derivados de la cultura popular hispana, chistes literarios, chistes semióticos y cualquier cantidad de divertimentos para cautivar al espectador y evitar que deje esta obra de teatro, en apariencia escrita sólo para lectura. Aunque no faltarán los empresarios teatrales temerarios y menos los públicos mártires de la dramaturgia experimental o del teatro del absurdo, improbables casilleros para acomodar a estos dos personajes autoparódicos.

Si el recorrido de los cuasihéroes caminantes nos da ecos de “Bouvard y Pecuchet” de Flaubert, por el dúo central, la forma en que está presentado el conflicto ausente de la trama, conlleva una peculiar derivación de obras de teatro importantes como “Las tentaciones de San Antonio” del mismo Flaubert, donde se hacen anotaciones escenográficas imposibles de realizar en la época en que escribió por la cantidad de personajes que se supone aparecen ante el público y la complejidad en la presentación de las distintas bestias míticas convertidas en personajes con diálogos. Quizás Flaubert, grande entre los grandes, tuvo una premonición sobre esta obra de Pelayo y escribe en “Las tentaciones”: “Los que poseen las bellezas de las apariencias pueden seducir. ¿Pero cómo se puede creer en los otros, que son abyectos y terribles?”

Del libro "Doctor Tuga"

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Del libro "Divina gracia. Humor convenientemente impío"

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SUBE EL TELÓN. ESTÁ ENCENDIDO SÓLO UN ÁREA EN EL CENTRO DEL ESCENARIO. DOS HOMBRES ESTÁN SENTADOS DE FRENTE AL PÚBLICO. AMBOS VISTEN COMO CARDENALES DE LA CURIA ROMANA.

Cardenal 1: ...Pues a mí no. Yo prefiero el humor verde, el negro... ¡y el púrpura! Ja, ja, ja...

Cardenal 2: Dije humo blanco, Monseñor, no humor blanco. Dije que todos querían hoy el humo blanco.

Cardenal 1: ¡Ah!... Pues eso será difícil de conseguir en este Cónclave.

Cardenal 2: Es lo que yo digo. El Cardenal Mezzati y el Cardenal Edina están emparejados.

Cardenal 1: ¿Se comprometieron?

Cardenal 2: No, digo que en la votación van parejos.

Cardenal 1: ¡Ah!... ¿Entonces el que consiga un voto gana?

Cardenal 2: No, no se trata del 50% más uno. Se necesitan dos tercios.

Cardenal 1: No presumas de matemático, hijo mío. Sé un poco más humilde ante Dios y los hombres.

Cardenal 2: Es que no se requiere la mitad de la Curia, Monseñor, se necesita el 66,3% de los votos.

Cardenal 1: ¿Y cuál es el Cardenal cuyo voto vale 0,3%?

Cardenal 2: Todo tenemos un voto.

Cardenal 1: ¡Ah, no! ¡Yo tengo dos! El de pobreza y el de celibato.

Un cuento de mi libro "Chanzas de Matanzas"

chanza_0.jpgEL FOTÓGRAFO

Llegó cargando su trípode al Parque de la Libertad, plaza cívica idéntica a la de cualquier pueblo, que fue modificándose al crecer la pequeña ciudad.
Buscó la sombra de uno de los pocos árboles que la daban, muy cerca de un banco de listones de madera pintados hacia tiempo de verde, bastante cagado de pájaros por lo demás.
Instaló la caja con la cámara antigua sobre el alto trípode y esperó.
Se sentía satisfecho de su nuevo emprendimiento.
Al rato, un hombre bien entrado en años y con sombrero de campesino, fue hasta él trayendo a un niño de la mano.
—Buenas, ¿le puede sacar una foto a mi nieto, por favor?
—Por supuesto. ¿De dónde son?
—De Hoyo Colorado. Bueno, yo soy de Ceiba Mocha, pero me casé en Hoyo Colorado y me fui a vivir para allá.
—¡Vaya! ¡Buen viajecito se metieron hoy entonces!

Reseña a mi libro "Tenía que decirlo", por Enrique Gallud Jardiel

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Pepe Pelayo: «Tenía que decirlo», Humor Sapiens, Santiago de Chile, 2024, 200 págs.

Lo que Pepe Pelayo tenga que decir sobre cualquier tema aquí o en otros lugares de las galaxias conocidas es siempre motivo de gran interés, así es que hace mal en elegir un título tan justificativo para su libro, con el que parece que se disculpa. ¡Claro que tenía que decirlo! ¡Y hace muy bien diciéndolo! Lo que los hombres sabios piensan y las conclusiones a las que llegan son cosas que no se deben callar, sino que existe la obligación ineludible de compartirlas con el resto de los mortales para ilustrarles y ayudarles a aprobar esa asignatura tan difícil que es la vida.

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