Textos en serio

¿Oscurantismo universal?

auniv.jpgEn una fresca mañana, sobre un césped recién cortado, un grupo de jovencitos tomaban algo del débil sol y conversaban y debatían sobre lo beneficioso o perjudicial del sistema monárquico versus la democracia.

De repente, se pone de pie un estudiante de primer año de medicina y dice “amigos, me debo ir, porque tengo que asistir a una clase de historia del arte”.

Otro estudiante, pero de segundo año de ingeniería, se toma la cabeza e incorporándose, dice: “se me había olvidado. Yo también debo marcharme. No me quiero perder una clase sobre teleología y estudio del ser de Aristóteles”…

Lo anterior puede que haya sucedido en una universidad medieval, en un momento de los siglos XII o XIII en Bolonia, en París o en Oxford. Cuando “Universitas” significaba realmente “totalidad del saber”. Es decir, cuando en las universidades se buscaban formar personas cultas, con visión integral del mundo, capaces de pensar críticamente con bases filosóficas, éticas, científicas y artísticas.

Pero un día comenzaron a involucionar esos altos centros docentes. Sí, y hasta podría enumerar cuatro momentos nítidamente regresivos...

¿Qué es ser culto?

aserculto.jpg¿Por saber quién escribió el Quijote o Hamlet soy culto? ¿Por aprenderme las capitales de mucho países soy culto? ¿Por recitar de memoria un poema de John Keats soy culto? ¿Por hablar varios idiomas soy culto? ¿Por recibirme de Licenciado o sacar un Doctorado soy culto? ¿Por dedicarme a la actuación, a la música, la danza, o al cine soy culto?

No.

 

Una persona culta no es solo aquella que tiene instrucción y conocimiento. Es un ser humano con sabiduría, que ha desarrollado la curiosidad constante por el mundo y que además posee cualidades como la tolerancia, la honestidad, el respeto y posee altos niveles de moral y ética. No se trata solo de acumular información, sino de tener la capacidad de entenderla, relacionarla y aplicarla a todo en la vida, de manera humilde y sin prejuicios. 

Ser culto es el único modo de ser libre, decía José Martí.

Hoy son las elecciones presidenciales en Chile

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Hoy son las elecciones presidenciales en Chile. Ya voté. Me encanta votar libremente.

Ojo. No deseo convertir mi muro en una trinchera política-ideológica, así que no diré por quién voté (los que me conocen bien lo intuirán). Lo importante es que no quiero convencer a nadie por quién votar. A estas alturas espero que todos estén convencidos de su voto. Y no quiero convertir este espacio, repito, en un debate odioso, porque en estos tiempos es tal la polarización, el fanatismo y la estupidez, que los intercambios de argumentos se manchan de ataques, faltas de respeto, ofensas personales, amenazas y más encima todo aliñado con obscenidades y groserías.

Por tal motivo, solo me interesa hacer una breve reflexión.

Si una persona está convencida de que el candidato A tiene un programa de gobierno que le hace bien al país y el candidato B no le convence. Pues que vote por A, sea cual sea su ideología. Eso sí, debe saber bien, insisto, lo que propone ese candidato. Pero no solo eso, también debe estar seguro de que ese candidato no cambiará sus propuestas cuando esté en el poder. Estudiado y meditado todo lo anterior, incluyendo la trayectoria del candidato y sus acólitos, que vote. Con ese gesto civilizado apoya la democracia.

Es válido, es legal, que vote blanco o nulo.  No me convence esa posición, pero hay que aceptarla.

Pero lo que sí me molesta, son las personas que no entienden realmente por qué ni por quién votan... y lo hacen:

Las mejores películas

amont.jpegHace poco la revista Variety publicó un ranking de las mejores películas cómicas de todos los tiempos. Selección reflejando sus gustos, obvio.

Y sabemos que en el arte todo es subjetivo (o casi todo), así que tienen el derecho de hacer esa lista, armada en base al gusto Hollywoodense, porque también “para gusto se hicieron los colores” y su público objetivo son los estadounidense.

1. ¿Y dónde está el policía?, 1988, David Zucker

2. Una Eva y Dos Adanes, 1959, Billy Wilder

3. Annie Hall, 1977, Woody Allen

4. El gran dictador, 1940, Charlie Chaplin

5. Esperando a Guffman, 1996, Christopher Guest

6. Monty Python y el Santo Grial, 1975, Terry Gilliam y Terry Jones

7. Sopa de ganso, 1933, Leo McCarey

8. Fargo, 1996, Joel Coen y Ethan Coen

9. El joven Frankenstein, 1974, Mel Brooks

10. Hechizo del tiempo, 1993, Harold Ramis

Pero si esa revista tiende derecho a publicar ese ranking, yo tengo derecho a analizarlo, según mi formación y mis gustos, ¿no es cierto?

Reflexión autobiográfica (no autorizada)

 

ayoooo.jpegHoy estaba trabajando como jurado para escoger el ganador del Premio Internacional Humor Sapiens 2025, y de repente mis pensamientos tomaron otro camino. Me pregunté entonces: ¿quién soy yo para decidir quién gana o no gana un premio internacional? Y amplié la pregunta; es decir, la extendí a toda mi vida: ¿quién soy yo?

Pasando revista: conozco bien a Eros, al amor filial, sé bastante sobre la amistad (tengo innumerables amigos y hasta buenos e íntimos). He sentido el placer mundano y divino de viajar mucho, comer rico y variado, leer, aprender y descubrir. He saboreado el inmenso regocijo que produce materializar ideas en varias modalidades artísticas. He sentido el goce y la fortuna de trabajar casi toda mi vida en lo que me gusta (crear, estudiar y promover el humor). ¡Y encima me pagaron y me pagan por eso! Aún más, soy dichoso de que me hayan distinguido en mi país natal, en mi país adoptivo e incluso a nivel internacional.

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